lunes, 30 de marzo de 2020

Momento


Veo el cielo, no sé qué hora es, no es celeste, no es gris, no está amaneciendo ni es el ocaso, miro y espero.
¿Espero qué cosa?
Otra vez me recuesto en la cama, la sábana está cansada de mi cuerpo y yo ya la siento distinta, dejó de desearme.
Ahí está el trozo de cielo que deja verse a través de la ventana y nada más, no hay nada más. El olor al tiempo no quiere desaparecer, se arraiga un poco más cada vez que muere un minuto del reloj, ya no estoy cómoda en medio de tanto desperdicio.
 Intento escuchar.
¿Escuchar qué cosa?
Las ideas se cansaron de gritar, les aburre el eco en las paredes porque es siempre el mismo, entonces se dieron por vencidas, entonces callaron y ya ni la brisa quiere sonar. Pasea la soledad por cada rincón, había olvidado cómo era sentirse sola.
Ahora el trozo del cielo es negro, los mosquitos, ya invisibles, se hacen sentir. Cruje el resorte del colchón, gira el ventilador, detrás del telón empieza otro show.

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