martes, 21 de abril de 2026

Algún delirio perdido

 Es una fantasía creer que la electricidad que recorre la unión de nuestras palmas es un invento neuronal,

es un disfraz el abrazo fugaz que esconde la intensidad de lo corporal,

es una ilusión esta realidad que nos simula ajenos y termina ubicando tu ser en la distancia, a lo lejos.

Corresponde a lo prohibido el tiempo del ayer y el camino recorrido,

los deseos escondidos y los besos de pasillo,

lo transcurrido entre la palabra y el oído del espacio compartido,

el secreto del lugar reservado hacia el interior del corazón que no encuentra lógica ni razón.

A veces el regalo de una brisa de paz que deja respirar y soltar,

un poco la sensación de descansar el peso de ser y estar.

Hay un lazo imperceptible que rompe con lo brutal de la vida e irrumpe con una sonrisa profunda,

es hacia el interior que deambula el pensamiento intrusivo de actuar con descuido,

pero en el cruce de miradas, en un idioma propio, resulta suficiente el sabernos entendidos.

Aquí en una realidad construida e irreal, utópica y sin igual, 

la seguridad de pertenecer(te) sin restricción, 

la tranquilidad de querer(te) sin obligación.

lunes, 20 de abril de 2026

Las dudas

 Entonces, ¿quién soy cuando no quiero estar conmigo y me desvanezco en el vacío de mi ausencia y tu suspiro?

¿O cuando respiro de tu abrigo el sinsentido de ese beso que es catigo?

¿Acaso viajo en vuelo directo al extravío del lado de lo desconocido, donde tus labios son los míos y el susurro entre los dos un navío errante y hastío?

¿Es el frío el que atraviesa el silencio cautivo y lo condena al latido de un agónico despido?

¿Quién soy cuando no quiero estar conmigo mientras convivo con el incipiente pensamiento intrusivo de recordarte ajeno y prohibido?

Sinónimos

 Mi chiribita tú me ciegas

No necesito de un camino si sigo tus huellas

Si el aroma de tu perfume es el guía que me lleva

Hasta la suavidad de tu piel que es pétalo en primavera

Es el roce impertinente

El calor: mi amor y tu sirviente

La centella que despide la tensión en el ambiente

Y el fin hecho pavesa que se vuela de repente

El secreto del silencio

 Susúrrame despacio, lento, del oído al centro de mi universo

Conmueve las fibras en mi interior

Atrévete a atravesarme, sin piedad, sin temor, sin pudor, sin reloj

Ahógate con las palabras que escondes de mi, del mundo

Suéltalas antes de caer desvanecido, y que naveguen en el aire que yo las respiro por vos, las escucho y las guardo en el silencio de los dos.

Los desvelos del tal vez

 Cuando el paisaje es blanco y negro el día siempre es gris, en su esencia o tras un filtro de niebla imaginaria, pero gris. Es sinónimo de melancolía, tristeza y nostalgia por lo que jamás pasó porque toda esa emoción es un invento del "tal vez" y del "y si..."

Se siente real.

Ese dolor es como respirar: necesario para vivir e involuntario, inevitable e innato.

La noche invita al dramatismo y la exageración, a gritarle a un rincón vacío, a poner el aire en -2 y congelarse junto a los demonios de la penumbra, desacelerando el corazón. 

Otro tiempo el ahora, donde desvela el futuro que se baña en fantasía. Se clava en el entrecejo, como una daga, el insomnio, esa tortura personal de no volver a dormir en paz.

La desesperación de lo impropio

El perfume de tu piel no es que se huela, se siente a través del aire, por los poros, por dentro de mi ser, se respira y se fagocita en las células de zonas imposibles de ubicar, irrastreables; se ingiere incontrolablemente y mutan hasta integrarse a mi existencia. 

No sé desintoxicarme porque eso tuyo ahora también es mío, y vos sos un poco yo, un poco sol, un poco luna. Vos que sos sin perderte, sos en mi sin saber, siendo y permaneciendo...perdurando.

Y todo se vuelve agobiante, el no poder y el no deber, el estancado momento que es cada momento compartido, sin más, sin menos.

La aceptación de límites inherentes a vos, el dolor de oir un "no" y decir un "si", mientras el capricho se retuerce sobre sí mismo porque se sabe inconcluso, atrapado en un deseo que aparenta infinito, grita y hace escándalo, cual niño malcriado. Es un pirómano indomable encerrado en una carcel con paredes de madera humedecida y mohosa, imposibles de encender. Se incendia a sí mismo cada dos por tres.

domingo, 25 de agosto de 2024

Volver a ser

 Ser feliz es a la vez igual de fácil y de dificil, la lucha de ambas fuerzas nos mantiene en el centro donde confiamos que es una búsqueda sin sentido pero aún así no la abandonamos, pasa que en el trajín del día a día y la vorágine de la cotidianeidad nos perdemos el momento y la oportunidad... igual siempre vuelve, no es un tren que no regresa al punto de partida, existe el relevo que aparece para dejarte subir. 

Lo simple que permite conectar desde adentro, que silencia el mundo, las voces de la ansiedad, las culpas y los dolores que están y se van, se agotan en el suspiro que llenó más que los pulmones, ahí reposa la calma y la dicha, con la sensación de estar vivo en serio y no sólo con el sabernos respirar, es la paz del aquí y ahora, de la compañia o la soledad, del deseo amarrado al placer indescriptible de lo propio, de la escencia, del alma tomando partido y haciéndose dueña. 

Y no es hasta despues que bajan los latidos, en el instante en que volvemos a sentir el cuerpo, la brisa y el sol, donde se esboza la sonrisa de satisfacción para volver a ser humanos, un poquito más niños, un poquito más livianos, un poquito más felices.

viernes, 19 de abril de 2024

Sabor a saber

Quisiera saberte todo el tiempo, comerte lento.

Hundirme en los sabores de tus besos.

Colarme como instrusa en algun sueño.

No es saber de vos, si no más bien: saber a vos.

Quedarme con el aroma del dolor.

Con los restos de la historia que sobró.

No saborear tu voz, si no: saber del ser que sos.

Probar del plato sin sazón

Cortar al centro el corazón.

No es creer quererte hoy, si no: saber decirme no. 


viernes, 8 de marzo de 2024

Somos de los momentos, todos.


Cuando sentimos a flor de piel:

débil o peligrosa.

Cuando oprimimos el ayer:

fría o rencorosa.

Cuando caminamos sin mirar atrás:

soberbia o despechada.

Cuando soltamos la garganta:

exagerada o agresiva.

Cuando desbordamos en un río:

sensible o mentirosa.

Cuando decidimos el camino:

ingenua o improvisada.

Cuando el reflejo nos maltrata:

severa o trastornada.

Cuando iluminamos de alegría:

sospechosa o confundida.

Cuando desvanecemos la vida:

culpable o arpía.

Cuando luchamos explotando avenidas:

Feminazi, histérica, perdida, puta, loca, asesina.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Ensayo sobre Psicopedagogía

 SOBRE EL FILO DE LA EDUCACIÓN

Los desafíos de ser enseñante

de la Rosa Carrera Johanna Maylen


A medida que avanzamos en el acceso al conocimiento que desconocemos, es decir, en el proceso de aprehender lo nuevo e incorporarlo, en el dejar atrás la ignorancia: la visión del mundo que rodea nuestra cotidianeidad se transforma, llevándonos desde el asombro por el descubrimiento, a través de la duda por lo que vendrá, hasta llegar a la consciencia de lo peligroso que puede ser dar un paso en falso, mientras transitamos sobre un filo que puede cortar cadenas o lastimar los pies, impidiendo el caminar. Sobre este último aspecto se enfoca el presente ensayo.

El concepto de “educación” al que refiero en esta oportunidad no se limita al institucional, es considerado en sentido amplio aunque, por supuesto, incluye al anterior, pero apunta a las situaciones diarias de enseñanza-aprendizaje que forman parte de la vida cotidiana de cualquier ser humano, sin importar su edad ni sus características individuales; al igual que se considera a cada sujeto tanto desde el lugar de enseñante como el de aprendiente, en un interjuego constante y propio de las exigencias de adaptación a las circunstancias del día a día.

Partiendo siempre desde la teoría y transitando la práctica, en las experiencias comunes del vivir nos ubicamos de un lado o del otro de la triada educativa, en ocasiones de manera forzosa o deseante, obligados por las circunstancias o como consecuencia colateral, a veces aprendientes y a veces enseñantes. De ambos lados, existe una responsabilidad ineludible asociada al conocimiento que media entre ambos roles, es en la manipulación de éste donde radica el temor ante su peso.

Colocando el foco en la asunción directa o indirecta del rol de enseñantes, es necesario destacar la responsabilidad que viene asociada a dicha posición, sea de tipo primaria -considerando enseñantes a aquellos asociados a un papel estrictamente educativo de tipo formal, por ejemplo ejercer como profesor o maestro; o informal, como ser el adulto a cargo del ejercicio de la función materna o paterna en la crianza de un sujeto-; o de tipo secundaria -perteneciendo a esta categoría aquellos que en situaciones aisladas deben ser transmisores de conocimiento. 

La responsabilidad a la que se hace mención adquiere relevancia al involucrar indefectiblemente la propia subjetividad al momento de ejercer dicho posicionamiento. Como seres humanos, atravesados por antecedentes histórico-libidinales, por variables internas y externas, por contextos socio-históricos diversos, nuestras modalidades son infinitamente heterogéneas y oscilan entre el extremo saludable y el patógeno, entre lo común y compartido socialmente y lo despreciado e ignorado por diferente. 

Tomando como referencia la teoría de Alicia Fernández (2003), la Modalidad de Aprendizaje de cada sujeto está ligada a la Modalidad de Enseñanza impartida por su entorno significativo a lo largo de su vida, se trata de una dialéctica que, particularmente, tiende a la repetición y la ejercemos de manera consciente e inconsciente en nuestras relaciones vinculares. Esta tendencia a la repetición debe ser abordada adecuadamente para evitar ser cómplices de cadenas reiterativas de violencia secundaria que imprimen o despiertan huellas mnémicas asociadas a la angustia en el otro.

Para comprender el fundamento de nuestras acciones, pensamientos, conductas y emociones, asociadas al proceso educativo, es necesario iniciar una introspección y una revisión personal de nuestras Modalidades de Aprendizaje, efectuando una lectura objetiva de los propios modelos internos, partiendo de la comprensión del proceso que los constituye, considerándolo como conformación de aquellas experiencias vividas a lo largo de nuestra historia individual a las que se enlazan cargas afectivas de investimento y desenvestimento libidinal que generan situaciones de disfrute y atracción, o por el contrario, de rechazo y evitación.

Educarse uno mismo, partiendo del autoconocimiento y el autoanálisis nos brinda la posibilidad de romper con modalidades que fracturan nuestra actividad simbólica, y, secundariamente, obturan las posibilidades de conocimiento de otros.

Ser capaces de realizar este tipo de análisis exige un conocimiento primordial de teorías que no son de interés público ni de acceso cotidiano. Junto a este saber debe disponerse del coraje que implica revisar el pasado, la historia propia y las ajenas; destapar y re-velar secretos ocultos, indagar en las razones profundas, preguntar y preguntarse sobre las certezas instauradas, son todas actividades que sacuden las bases de nuestro psiquismo.

Madres, padres, hermanos, docentes, jefes, profesionales de la salud, medios masivos de comunicación, en definitiva, todo aquel que ejerce de enseñante deja una pincelada sobre el lienzo de la subjetividad ajena y por más mínima que sea, forma parte de una gran obra maestra hacia el interior de cada aprendiente.

Cuando inició mi trayecto en esta carrera, caractericé a la figura del psicopedagogo como un traductor de todo aquello que perturba el aprendizaje. Me gustaría retomar el calificativo para ubicarlo como el traductor de esa obra maestra abstracta que el ojo común no puede comprender, por más focos que la alumbren y miradas que la juzguen; de ese cuadro que es pura expresión y que despierta la más variada gama de sentimientos ante la frustración de no lograr conocer su verdadero significado, el traductor frente a la obra contextualiza al artista.

La responsabilidad es mayor para quienes somos conocedores de la teoría. Nuestro papel es fundamental al momento de posibilitar y propiciar espacios que den lugar a la autoría de pensamiento, sosteniendo el eje de trabajo en torno a la necesidad de cada sujeto, respetando la individualidad y propiciando la escucha, observando con ojo clínico lo manifiesto y lo latente, teniendo presente que la realidad es heterogénea y diversa y, muchas veces, excede cualquier informe, asumiendo una posición flexible y abierta a las posibilidades e imprevistos nos permite acompañar al sujeto, inmerso en su circunstancia, desde la confianza y la seguridad. 

Tener en claro la propia historia libidinal y conocer nuestras modalidades posibilita la adaptación y la revisión de nuestros modos; reconocer nuestras potencialidades y limitaciones nos ayuda a la hora de presentarnos como enseñantes, posibilitadores y mediadores entre la angustia del otro y las razones subyacentes que son necesarias tramitar. Comprometerse responsablemente desde el lugar que nos compete e involucrarnos desde una perspectiva saludable, teniendo de guía los principios que nos brinda la formación académica, repensarnos e instalar la duda diariamente como autocrítica objetiva, serán posicionamientos frente a la práctica que den lugar a ser conscientes de los cambios psíquicos que tenderemos a propiciar.

Las obras de arte expresan las profundidades del artista. Aquellas que nos tocan traducir llevan su nombre, pero no son sus trazos, detrás de esas intervenciones ajenas se encuentra el verdadero autor, con el pincel en la mano, deseando comenzar a mostrar su propio lienzo, es decir, a plasmar su mundo interno.


Ensayo presentado en la 16° jornada de Psicopedagogía del Instituto Decroly.

Referencias bibliográficas:

Auglanier, P. (1977). La violencia de la interpretación. Amorrortu. Buenos Aires

Fernández, A. (2003). Los idiomas del aprendiente. 1º ed. Nueva Visión. Buenos Aires.

Schlemenson, S. (2001) Niños que no aprenden. Comp. 1° ed. Paidós. Buenos Aires.

Ziperovich, C. (2010). Aprendizajes. Aportes para pensar pedagógicamente su complejidad. Ed. Brujas. Córdoba

martes, 17 de agosto de 2021

La gota en el laberinto del escarabajo

de la Rosa Carrera Johanna Maylen

A lo largo de nuestra vida aprendemos sobre acontecimientos históricos que nos parecen lejanos y ajenos pero necesarios para comprender un poco nuestra realidad actual. Curiosamente, hoy nuestra realidad actual es el transitar de un momento histórico que a futuro explicará el presente, vivirla como tal, siendo protagonistas de lo que nos excede, pone en nuestras manos la tinta que escribe la historia.

La pandemia por Coronavirus es un tema excesivo e inmenso, por lo tanto, en los siguientes párrafos abordaré una porción del gigante que nos atemoriza a diario desde hace más de un año. Argentina y el aislamiento social, preventivo y obligatorio, la cuarentena eterna y sus disposiciones, principalmente el aspecto del encierro, el "quédate en casa" que nos piden, imploran y al que nos obligan. Busco a través de este ensayo evidenciar cómo el confinamiento con esas características y llevado al pie de la letra empuja al sujeto, que convive con otros bajo un mismo techo, a una crisis subjetiva. Expondré una serie de aspectos que influyen en los individuos actuales, el acceso y poder de la información masiva, el temor a la situación límite que pone en riesgo la salud y la vida misma, la interrelación en un espacio reducido y en tiempo prolongado con otras subjetividades, el desequilibrio y reorganización forzada de los tiempos y ámbitos personales, la modificación de una cultura que nos caracteriza como argentinos, arraigada desde siempre, que se ve forzada al abandono, la responsabilidad personal, el compromiso grupal, todo ejemplificado a través de una metáfora personal pensada y reflexionada durante el 2020 por la misma persona que hoy redacta este ensayo, sobre el final una respuesta a mi tesis inicial, a la que pude llegar no solo por la reflexión, si no también por la práctica misma.


Escuchamos que al otro lado del mundo una nueva variante de una enfermedad ya conocida no reacciona como debería, escuchamos sobre muertes y sobre su rápida extensión, de pronto ya no son algunos, sino demasiados, mientras que por aquí, transcurría el verano 2020 con normalidad, hasta que la situación se vuelve insostenible, y entonces: una pandemia mundial oficialmente declarada. No sabemos lo suficiente o quizás sabemos demasiado sobre lo incorrecto, las suposiciones, noticias, fuentes no confirmadas, el agobio por información constante e incierta, internet nuevamente jugando una mala pasada (como es costumbre en nuestro siglo actual) y, con la salud sobre la mesa, esta vez la duda se instala con más fuerza que antes. No sabemos casi nada pero estamos seguros de que esta enfermedad arriesga nuestra vida y entonces la percibimos como, según Jaspers, una "SITUACIÓN LÍMITE", ya que pone en riesgo nuestra integridad y nos recuerda aquello que a veces olvidamos: nuestra finitud, expone nuestra debilidad mas grande, nuestra existencia y su fin, que no es más que la muerte misma, y no solo la propia, sino también la de nuestros seres amados; así nuestro sistema de alerta despierta y de pronto todo es peligro, y todos son un peligro. 

El riesgo de lo que podría suceder nos agobia y la doxa [1] aparece, aferrada con más fuerza que antes, en forma de cadenas por WhatsApp y FAKE NEWS que se mezclan y confunden con las fuentes oficiales, información que llega a oídos de todos y sólo algunos distinguen y diferencian, solo algunos separan lo que “es” de lo que “parece” y de lo que dicen, solo algunos indagan mas allá de lo que reciben, unos pocos se dejan guiar por la curiosidad de la duda mientras que otros viven con la permanente incertidumbre o con la certeza de que todo es cierto o todo es mentira asegurando que tienen la verdad, y la confusión se vuelve parte de uno, se instala y se multiplica invadiendo la totalidad, como un virus. Hoy en día estamos rodeados de sofistas que desbordan oratoria, llenos de una increíble capacidad para convencer y escabullirse entre las masas y además desbordantes de un poder que se niegan a soltar, lo que les permite tener el control de todos los aspectos de la actualidad y también asegurarse un futuro perpetuando una ideología en la que siempre los mismos son los dominadores, y justamente son ellos los que exigen al resto de dominados, que somos la mayoría, que les agradezcamos las condiciones mínimas en las que nos permiten vivir, o más bien, sobrevivir.

Transitamos entonces una situación totalmente nueva que además de ser desconocida es peligrosa, sobre la que aún falta mucho por aprender y estudiar, sobre la que aun no tenemos el control y nos encontramos incapaces, entonces debemos esperar e investigar, temer y extremar cuidados, se instala el miedo mientras nos piden paciencia y precaución. Esta nueva normalidad divide otra vez nuestra sociedad, entre los que reaccionan atendiendo a las alertas por un lado, y los que ignoran la posibilidad de que algo les suceda por el otro, nuevamente blanco o negro, nuevamente una dicotomía instalada, los unos no confían en los otros y aumenta el conflicto social de la mano del nivel de responsabilidad que cada uno asume, falta solidaridad y disminuye la confianza necesaria para enfrentar la realidad, necesaria para superar esta situación que nos pone en alto riesgo.

Inicia una serie de disposiciones con el objetivo de forzarnos a ser responsables, desconfiamos tanto entre nosotros que debe existir una ley que nos obligue a pensar más allá de nuestros propios deseos, son como las cuerdas que atan los cuerpos de los prisioneros obligándolos, contra su voluntad y por orden de un superior que no muestra el rostro, a permanecer donde se les pide, a creer lo que se les presenta y a hacerlo en conjunto. Dictaminaron generalidades como si el pueblo estuviera en igualdad de condiciones, decretos homogeneizadores que intentan regular una sociedad absolutamente heterogénea con gran variedad de personas, algunas que tienen la oportunidad de cumplirlos y otras que carecen de la chance. Nos encontramos entre la espada y la pared sin otra opción que borrar de nuestra cotidianidad los besos en las mejillas, los abrazos, el mate compartido y las reuniones dominicales en pos del bienestar común, asumimos que estar dentro de la caverna y mirando hacia un mismo lado es la mejor opción, que todas esas siluetas que se nos permite ver y esas voces que se nos permiten oír son la verdad, son lo que necesitamos y lo único que debemos conocer, de a poco olvidamos el dolor de las muñecas y valoramos la “oportunidad” que se nos brinda de colaborar en algo más grande, nos contentamos con eso, nos consolamos para no sucumbir.

Muy pronto, demasiado desde mi percepción, nos obligaron y encerraron, de cierta forma nos hicieron prisioneros del temor con el lema de que lo mejor es evitar contacto con otros ¿desde cuándo es una buena idea alejar a los seres humanos del contacto mutuo? Todo bajo la premisa de que es necesario para sobrevivir, entonces como estamos en riesgo, obedecimos y al menos al inicio aceptamos que es lo mejor, teniendo en mente la promesa de que el sacrificio de hoy valdrá el futuro próximo, aunque no tengamos la seguridad de cuándo sucedería. Se trata de obligación y deber hacer bajo coerción, reorganizamos nuestro esquema de vida, nuestras prioridades y pretensiones del presente y del futuro, sobre el cual ya nada es certero.

Para abordar la temática que compete al ensayo expondré una metáfora respecto al aislamiento al que nos vimos forzados:

"El escarabajo pelotero empuja con sus patas traseras una pelota que hace él mismo de excremento y la lleva a un lugar seguro, lejos de otros. 

Pero, ¿qué sucede cuando, en un mismo espacio reducido y delimitado, colocamos algunos juntos?

Hay paredes que marcan el límite, y cada uno va empujando su propia pelota, cada uno ve su propia realidad de cabeza, la vista del camino está obstruida y solo pueden oler su propia pelota, solo se dan cuenta que no están solos por el sonido de los demás. Avanzan sin ir a ningún lado, chocan entre si y crece el enojo, la frustración, buscan hacer su pelota más y más grande, pesada y olorosa. 

Después de un tiempo, un escarabajo frena, cansado de la rutina y de ir a ninguna parte, ya sin fuerzas, baja sus patas de la pelota, y puede ver el mundo como es, se aleja un poco y logra ver a los otros y al lugar donde los encerraron, se da cuenta de las paredes alrededor y de lo ridículo que es seguir empujando porque no hay donde más ir. Al alejarse una brisa de aire puro junto al calor del sol llega hasta él y cae en cuenta del hedor de la bola, entonces decide abandonarla en una esquina, asentada sobre la pared y emprende un paseo, intenta hablar con otros para explicarles la realidad que ahora puede ver, algunos lo escuchan, otros lo ignoran y unos tantos reaccionan con ira, pero no se rinde, e insiste. Más tarde que pronto, de a uno van cediendo y se le unen, cada vez son más los que dejan su pelota de excremento en la esquina, hasta que todos se entregan a mirarse a las caras con todas las patas sobre la tierra. 

De a poco, esas pelotas fertilizan el suelo y las plantas empiezan a crecer, aquel cúmulo mal oliente es ahora una montaña que lleva al borde del muro, y aquel que inició el cambio sube a la cima, los demás lo siguen y cada uno a su tiempo, logra salir."

La obligatoriedad del encierro no es sólo permanecer entre paredes, implica reorganizar la distribución del tiempo que decidimos compartir con quienes conviven con nosotros, la balanza redistribuye su peso y el resto de los espacios por fuera queda casi en la nulidad; se mezcla trabajo, estudio y vida familiar con el espacio personal y con la soledad y el respiro que necesita todo ser humano para no sufrir el agobio que implica la vida en sociedad, porque si dejamos al hombre sin un lugar para sí mismo podría perderse. El encierro deja expuesto ante otros esa pelota de excremento que cargamos, se vuelve inevitable y presente, lo propio empieza a mezclarse con lo ajeno y el límite entre lo que es cada uno y entre lo que es el grupo desaparece lentamente, en un intento de llevarnos lejos eso que nos avergüenza pero que es de cada uno surgen los roces que inician los conflictos y la presencia del resto se vuelve incómoda, ineludible e inaguantable. 

Somos prisioneros, pero más que de la caverna [2], de nuestro propio laberinto personal, sin murallas pero completamente perdidos [3] condenados a las paredes de nuestras casas y al desierto de nuestra interioridad, condenados a lidiar con nuestro extravío y nuestras oscuridades. ¿Será que nos acostumbramos a que una aplicación nos diga cómo llegar a donde queremos, y ahora que no existe tecnología que nos enseñe a caminar por nuestro propio Sahara interno estamos destinados a morir de sed? 

Las herramientas tecnológicas en tiempos de hoy son un vaso de agua dulce que nos permite sobrevivir pero nos deja con sed, nos acercan a aquellos que quedaron sin tiempo asignado en esa redistribución forzada, a quienes cuidamos con nuestra ausencia, y dieron inicio a una dependencia virtual en la mantención de las relaciones y de las comunicaciones, dio paso al exceso y la presencia constante de pixeles que reclaman atención, todo superficial y absolutamente sensible, todo sentidos y nada de ideas [4]. Se trata de otro laberinto del que no podemos escapar, uno que nos acerca y nos aleja, nos enfría, nos simplifica, informa y mal informa, una ambigüedad que se instala y entonces multiplica cualquier sentimiento para bien o mal logrando distraernos de lo único que realmente puede salvarnos: el reconocer nuestra propia ignorancia sobre la realidad y sobre nosotros mismos, el pensarnos y el pensar nuestro mundo, aceptar que sólo sabemos que no sabemos nada realmente, que aquello que afirmaba Sócrates aún sigue vigente, debemos aplicar la Mayéutica [5] con más fuerza que nunca porque hoy en día todos dicen tener la verdad y todo eso debe ser puesto en duda.

Basta con ser el escarabajo que se frena para hablar con los que nos rodean, o ser el que escucha atentamente, con abrirnos primero con quienes compartimos las paredes y el hedor, con confiar en el que tengo al lado y contarle sobre mi laberinto para hallar la salida, sobre el dolor por empujar aquella pelota, sobre la frustración de no avanzar, basta con dejar fertilizar el suelo que compartimos juntos y encontrar la salida como grupo, avanzar hacia delante y en compañía apoyándonos mutuamente, basta con que los prisioneros no maten al que parece loco y decidan seguirlo cuesta arriba [2].

En conclusión, frente a los nuevos retos personales y grupales que surgen en el actuar social de nuestra realidad actual debemos tomar una posición similar al esquema del ciclo del agua que nos enseñan de pequeños, cuando una gota de lluvia cae a veces le toca recorrer algunos caminos más largos que otros, más difíciles, complicados y engorrosos, pero al final, tarde o temprano, todos la llevan a la misma meta que no es más que el inicio que alguna vez fue y debe recomenzar nuevamente, de la misma manera nosotros también regresamos al punto de partida pero un poco más sabios y fuertes, un poco mas nosotros mismos pero conscientes de que aún falta mucho, volvemos a iniciar queriendo más de todo lo que nos da el vivir y así emprendemos camino otra vez, con más ganas que antes, dispuestos a enfrentar un nuevo reto. Desconocemos lo que nos espera pero conocemos lo que esperamos y la salida de cualquier crisis depende del posicionamiento que tomamos frente a la misma, frente al camino que nos toca o elegimos recorrer, depende de nuestro hacer y pensar individual y grupal, somos quienes decidimos escalar la montaña o quienes colocamos salida a los laberintos. 

Cuando conocemos lo que esperamos, nada de lo que realmente nos espera nos detiene, nos extravía, ni nos estanca.


[1] Refiere a opinión, en la Teoría de las ideas de Platón.

[2] Referencia a la alegoría de la caverna de Platón.

[3] Referencia al cuento Los dos reyes y los dos laberintos Jorge Luis Borges

[4] Referencia a la Teoría de las ideas de Platón

[5] Método de pregunta irónica y refutación utilizado por Sócrates 

Bibliografía: 

Karl Jaspers: Que es la Filosofía 

Paukner Nogués, F.: Sócrates y la Filosofía Griega, A Paste Rei.

Carpio, A.: Principios de Filosofía, Ed. Glauco, Buenos Aires, 2004

lunes, 30 de marzo de 2020

Momento


Veo el cielo, no sé qué hora es, no es celeste, no es gris, no está amaneciendo ni es el ocaso, miro y espero.
¿Espero qué cosa?
Otra vez me recuesto en la cama, la sábana está cansada de mi cuerpo y yo ya la siento distinta, dejó de desearme.
Ahí está el trozo de cielo que deja verse a través de la ventana y nada más, no hay nada más. El olor al tiempo no quiere desaparecer, se arraiga un poco más cada vez que muere un minuto del reloj, ya no estoy cómoda en medio de tanto desperdicio.
 Intento escuchar.
¿Escuchar qué cosa?
Las ideas se cansaron de gritar, les aburre el eco en las paredes porque es siempre el mismo, entonces se dieron por vencidas, entonces callaron y ya ni la brisa quiere sonar. Pasea la soledad por cada rincón, había olvidado cómo era sentirse sola.
Ahora el trozo del cielo es negro, los mosquitos, ya invisibles, se hacen sentir. Cruje el resorte del colchón, gira el ventilador, detrás del telón empieza otro show.

viernes, 9 de agosto de 2019

Jugando

Hola amiga, ¿Cómo estas?
Yo muy bien ¿tu vida qué tal?
¿Que qué me pasó en el labio? Fue un beso muy intenso del viernes pasado.

Sí, si estoy con alguien, ya hace varios meses, es un ángel
nos conocimos por las redes,
después de muchos mensajes,
noches de desvelos y disparates.

¿Que si cambie de look? Si, así fue,
probé algo distinto ésta vez
él me dio la idea, ¿Qué te parece? 
me dijo que éste tono en el cabello me queda mejor.
No confiaba mucho,
estos cambios bruscos nunca fueron de mi preferencia,
pero sí, me animé y me encanta,
él contento con su capricho hecho realidad,
yo contenta con su felicidad.

¿Estas marcas en mis brazos? Una historia curiosa.
Cocinábamos juntos esa noche de verano,
quiso mostrarme la forma correcta de cortar las verduras
y mientras lo hacia crucé el brazo sin querer y de repente,
quería agarrar algo que estaba al frente,
con la mala suerte y una pésima combinación,
mi antebrazo bailó sobre la punta del cuchillo;
fue mi error, debí pedirle que me lo alcanzara él,
por querer entrometerme así me fue.
Siempre fui torpe, vos bien lo sabés, estoy acostumbrada,
pero después del accidente se encargó de curarme y cuidarme
nos fuimos al hospital, no era grave.

¡Que lindo saco rojo ese que llevas puesto!
Te queda pintado al cuerpo,
combina perfecto con ese maquillaje coqueto.
Yo deje de usar ese color, siento que no me queda bien
me miro al espejo y no me convence
además es el color del equipo de futbol que él odia,
así que me ahorro traerle recuerdos desagradables,
¿viste como se ponen los hombres con el futbol?
Una vez, no me di cuenta y me vestí con los colores del rival,
cuando me vió llegar no me quiso ni saludar,
¡tuve que volverme a mi casa a cambiarme!
¿Qué loco no? ¿podés creer que sea tan fanático? increíble,
admiro esa intensidad y compromiso, 
yo lo respeto,
mas que nada trato de no hacerlo renegar, 
no me gusta verlo enojado.

¿Esto que tengo aquí en el codo? Te voy a contar.
Íbamos paseando por la calle, me crucé a un primo lejano
y nos pusimos a charlar,
se lo presenté y después de unos minutos nos fuimos.
Lo noté muy callado y entonces me le tiré encima para abrazarlo...
debo haberlo tomado por sorpresa,
se asustó y la cuestión es que terminé en el piso,
en medio del cemento de la vereda, un papelón,
como los que siempre hago.
Igual es sólo un raspón, ya curará.

Si, estoy algo renga. 
Resulta que soy pésima jugando a escaparme,
él quería pillarme y me tropecé,
estaba corriendo, pisé mal,
me resbalé y me doblé el tobillo,
siempre fui débil del izquierdo, es una maldición ¿no?

¿Este moretón? Creo que me llevé por delante algún mueble.

¿Esta marca en la espalda? Una rama que se desprendió desde lo alto de un árbol.

¿Este dedo enyesado? Olvidé sacar la mano antes de cerrar la puerta del auto.

¿Este enrojecimiento en el cuello? El collar se me enganchó y tiré fuerte sin querer.

¿Este diente quebrado? Es que abrí muy fuerte la puerta del baño.

¿Este rastro quemado sobre la piel? Se cayó la plancha sobre mi mano.

¿Esta cicatriz? Fue hace tanto que ya no recuerdo.


Amiga mía, si me encuentro hoy en este féretro es porque estábamos jugando los dos a un juego 
un juego al que yo no sabía jugar, 
un juego del que no entendí las reglas, 
un juego en el que no tenía posibilidad.

Lo intenté,
aunque no fue suficiente. 
La sangre que corría por mis venas llevaba la esencia de una perdedora,
se hizo difícil ganar.
Lo siento, la próxima será.

jueves, 4 de abril de 2019

Íntimo

Cerrando los ojos casi puedo sentir el calor de tu respiración acariciando mi cuello

Cerrando mis ojos la seda de tus manos eriza cada prolongación de mis células

Cerrando mis ojos no puedo permanecer de pie, y me desvanezco

Cerrando mis ojos tu aroma me lleva lejos, tan lejos que no quiero volver.

No oigo nada más que mi corazón correr
En cámara lenta, como si lo soñara, como si lo imaginara

Estás en dónde y cuando lo pido, exactamente como mi cuerpo te reclama

El ritmo compartido
Los besos exactos
Entendiéndolo todo
Jugando como si el juego fuera tu creación
Nuestra creación
Ni una palabra, el aire denso rodeándonos
Perfecta sincronía, juntos como unidad expertos del camino
Expertos del recorrido, de la serie de pasos que reclama el ser
No quiero un fin
Podríamos hacerlo eterno, podríamos extenderlo más allá de lo imaginable
Podríamos inmortalizar nuestras figuras en el recuerdo
Dia tras día, sin perder la chispa del inicio
Sin perder la cualidad de lo novedoso
Sin aburrirnos de lo que somos, de cómo somos
Recordando el sentir y viviendolo como si fuera la primera vez.

Como una danza, desplegada una coreografia
No hay apuro, un paso lento sin que se acabe el mundo
Pero derrumbando todo alrededor
Vistiendo esa piel que esta debajo de la piel que vemos
La que es más sensible, más profunda, más real.

Pausas precisas, ritmos suaves que inician oportunos
Y navegan dando vueltas los suspiros cargados de pasión
Se posan sobre las sábanas alborotadas a los pies, expectantes
Se trazan caminos dejando huellas que se pierden unas tras otras
No alcanza el tiempo para extrañar el movimiento anterior
Se pierden los segundos mientras deseamos con ansias la liberación.

viernes, 30 de marzo de 2018

Tengo huecos

Tengo de esos que veo y evito a la distancia, haciéndome a un lado, alejándome a metros, saltándolos e incluso cavo pozos para evitarlos por debajo de la tierra que los sostiene. Los evito pero sé que ahí están, los olvido por un rato hasta que logran reaparecer más adelante en el camino con más fuerza que antes.

Tengo huecos camuflados, como badenes de cemento que aparentan no estar ahí y para cuándo los descubres ya es demasiado tarde y no puedes evitar el golpe, sólo hacerlo menos brusco.

Tengo huecos viejos, que conozco de memoria y que han permanecido tanto tiempo aquí que hasta incluso se ganaron parte de mi cariño.

Tengo huecos nuevos que estoy aprendiendo a conocer y descifrar, a los que trato con cuidado intentando que se adapten a este nuevo terreno y los decoro para que se vean bonitos intentando engañar a esa parte racional que me grita que no importa lo que haga: siempre serán huecos.

Tengo huecos enormes y profundos en los que si lanzas un rayo de luz podrás ver cómo se pierde sin llegar jamás al final, sin oír jamás el eco del impacto; oscuros y tristes, absolutamente solitarios y vacíos.

Tengo huecos mal cubiertos que dejan su relieve en la superficie, relieve que no me permite olvidar que allí hubo un daño, recordatorios en disfraces de imperfecciones involuntarias que me permiten pasar con tranquilidad pero no sin disminuir mi marcha.

Tengo huecos transformados en charcos, algunos claros que me dejan ver mi reflejo y el del mundo y  en su transparencia no esconden los escombros de su fondo, otros turbios e inquietos que ocultan sus verdades en agua lodosa y basura flotante nimia y superficial, también hay charcos que son sólo contenedores de mierda, depósitos desagradables que suelen hervir y hacerse notar con su asqueroso y nauseabundo olor, que suelen burbujear sacándolo todo a flote, volviendo la ruta un río apestoso, incómodo, un río que inunda y ahoga.

Tengo huecos en proceso y, curiosamente, el taladro está en mis manos; se ve una señal a lo lejos que dice: "Cuidado, personal trabajando" y enfrente un camino cubierto de densa niebla que no me deja espiar cómo continúa.

Tengo esta sensación en el pecho que me asegura que la carretera no será tranquila y seguirá cuesta arriba.

La realidad me muestra que van pasando los años y la herramienta que sostengo aún luce como nueva.

martes, 20 de febrero de 2018

De la A a la Muerte

¿Qué parte se muere al amar?
¿Qué parte se muere por amar?
¿Qué parte ha muerto por no poder amar?
¿Qué parte ha muerto de amor?
¿Qué parte ha muerto por amor?
¿Qué parte muere por ser amada?
¿Qué parte ama hasta morir?

¿Cuánto amor ha muerto?
¿Cuántos amores se llevó la muerte?
¿Cuántos muertos amados?
¿Cuántos amores muertos?


Cuánto amor.
Cuánta muerte.
Cuánta falta de suerte.

martes, 5 de diciembre de 2017

Noche de insomnio

De mi reloj pasan las once de la noche. Por los barrotes del ventanal ingresa tímidamente la luz anaranjada de aquel foco tambaleante que reposa en medio de la calle y que en su suave movimiento transforma las sombras  en monstruos acechantes de ojos rojos dispuestos a saltar sobre cualquiera que, inflando su pecho de valentía, cruce por delante.
Inmóvil desde las diez, sin quitar la vista y controlando mi respiración, me mantengo pendiente de que no se filtre por los bordes que deja la madera, la espesa niebla embriagadora, esa que empaña el vidrio de la ventana haciendo garabatos  y los borra antes que alcance a distinguirlos. Los árboles parecen ser cómplices de la noche ocultando tras de sí trozos del cielo y obligando a la luna a escabullirse a algún rincón lejano que sí pueda iluminar.
Aquí dentro se hace eco el latir de mi corazón, viaja el sonido hasta mis paredes y regresa tajante cortando el aire que nutre mis pulmones. Marcan las doce y no hay campanadas ni tic tac, la vista fija empieza a titubear y el vaivén de la luz de afuera acelera su paso, el viento se oye soplar pero las hojas de los árboles permanecen tiesas en su lugar, se niegan a volar. Un falso estruendo emula al trueno y el cielo despejado, sin una nube que lo vista, parece ser el escenario equivocado. La niebla que cubría como un manto la superficie penetró el césped  matándolo lentamente dejando a flor de piel la tierra seca y dura que empieza a abrirse gritando para sus adentros en tono agudo, imposible de escuchar. El aullido de una jauría dede perr rompe el cristal que me separa de todo aquello, y llega hasta mi el olor putrefacto de mil cadáveres apilados cruzando la calle, son los cuerpos de esos canes pidiendo auxilio o anunciando el inicio de la tempestad. 
El calor roza mi piel, parece encender un fuego desde mi interior, afuera veo caer nieve sin derretirse y acumularse  rápidamente como montañas cubriendo por completo el lugar, sé que son las dos. En la completa oscuridad siento la tensión, el sudor no es por el calor, estoy segura. Llevo mi espalda hasta la pared más cercana y decido sentarme lentamente en el suelo fresco bajo mis pies y cubriéndome con la sábana gris, que dejé a mano, me dispongo a vigilar tras de sí. No me permito cerrar los ojos, y veo atentamente a través de los hilos de la tela. Puedo distinguirlo en el rincón esperando que los párpados me cubran los ojos, camina sobre los charcos de agua dispersos en la habitación, rezonga de tanto esperar, impaciente e inquieto, me deja sentir la furia en una especie de conexión eléctrica que flota en el aire.
El agua acaricia mi mentón y hago un esfuerzo para mantenerme en puntas de pie y poder respirar, la nieve se derritió y ahora inunda el lugar, el frío rompe mis músculos y comprime las venas congelando mi sangre; son las tres y ahora siento como nada a mi alrededor bruscamente creando olas que golpean mi rostro. En un segundo me veo sumergida y el miedo comienza a gobernar, logro impulsarme hacia arriba otra vez y una bocanada de oxígeno llena mis pulmones, la desesperación se hace ineludible. Una carcajada se desprende de una burbuja al otro extremo del cuarto, de pronto un hueco deja caer dentro de sí todo lo que me rodeaba. 
Caigo de golpe sobre el colchón de mi cama y sobre mí la sábana gris como plomo presiona mi pecho y mi garganta obstaculizando el respirar, lucho por mover mis manos y quitármela de encima pero éstas no responden; se escapa de mis labios el último sonido de aliento y  es entonces cuando una ráfaga se la lleva y me permite inspirar una vez más.
La lluvia cae muda y recta desapareciendo antes de encontrar destino, los pasos del pasillo indican que son las cinco y el reflejo en el espejo me enseña atrapada en un mundo demasiado irreal para ser verdadero. Se alza frente a mi y rasca su piel arrancándosela, pasea las yemas de sus dedos sobre los músculos al rojo vivo para luego  acercarse y colocar su frente sobre el espejo; la sangre traspasa y logro sentirla también, me alejo dando un paso hacia atrás, ignorándola volteo dándole la espalda, siento el golpear de sus puños hasta romperlo en mil pedazos. En uno de aquellos trozos logro ver mis ojos y acto seguido pesa la oscuridad.
Inmóvil otra vez fijo la vista en la ventana, el vaivén del foco anaranjado tiene su ritmo habitual, la sábana empapada de sudor  se pega en mi piel resultando incómoda e inaguantable. La brisa de verano ha resuelto hoy no aparecer, quizás mañana visite unas horas de mi noche, sabe que la esperaré.





Nota: este texto fue subido a mi cuenta de Wattpad y tiene fecha de 25 de octubre del año 2016.


lunes, 9 de octubre de 2017

Carta abierta al ex de mi mejor amiga

Hola.

Creo que antes que nada debo presentarme.
Soy el libro que cuenta parte de su historia de dos, el texto de las aventuras narradas por ella, las imágenes censuradas de su recuerdo, testigo de las risas y alegrías iniciales, soy el cofre de secretos, el pañuelo de sus lágrimas, el abrazo que intenta juntar sus piezas, los cimientos que luchan por mantenerla en pie, soy la voz de sus consejos y quien enciende las luces en sus caminos oscuros, el consuelo de sus noches tristes, el deseo de la plena felicidad, la tontería que intenta matar la angustia, soy la compañera de sus luchas, de sus triunfos y derrotas. 
Pero, la verdad, no estoy aquí para hablar de lo que soy o no soy porque eso poco importa, mi propósito aquí es pedirte sólo una cosa: dejala.

Ya no intentes reconstruir a medias el lazo que los unía porque ha desaparecido en el espacio, no intentes volver a un estado pasado porque no sólo es imposible ser lo que eran sino también es doloroso fallar en el intento de volver a serlo. Su momento fue bello, sin duda, pero hoy busca ser un recuerdo en el ayer. Dejala.

No aparezcas con propuestas porque estás hiriéndola, no está lista para que "sean amigos" porque su corazón aún te pertenece más a vos que a ella, dejala y dale la posibilidad de amarse a sí misma tanto como te ama a vos.

No juegues con sus sentimientos, no intentes hacerla sentir mal, créeme, su alma ya está suficientemente rota y aún así permite que la sigas destrozando en su ingenua e inocente devoción por vos. Dejala.

Dale la posibilidad de ser libre de vos, de volverse un poco más egoísta consigo misma, de mimarse y de pasar sus ratos libres pensando en su futuro, planteándose proyectos, queriéndose bien. Dale el espacio que necesita para reconstruirse de nuevo aún más firme y fuerte que antes, dale su tiempo para que vea que la vida es hermosa a pesar de sus penumbras. Dale tu ausencia para que te sufra como debe los momentos que sean necesarios, para que te extrañe, para que le duelas, para que te odie, para que te perdone, para que te supere, para que te recuerde con cariño. Dejala.

Dejala porque no le haces bien aunque ella diga lo contrario, en la lógica de su apasionado amor tus virtudes son mayores a tus defectos aunque su razón le indique lo opuesto. Dejala aunque ella no quiera dejarte ir, aunque en su interior exista la esperanza de que todo sea diferente, aunque la gobierne su miedo a sentirse sola, a no sentirse amada, aunque crea que es posible una vida juntos. Dejala.

Dejala porque sé que es lo mejor para ella y hoy más que nunca estoy segura de eso, ya la vi sufrir demasiado y no se merece el desgarrador dolor de tu intermitencia. 

Dejala.

Y si, le va a doler muy profundo que ya no estés y quién sabe cuánto tiempo, se apagará la luz que lleva dentro, llorará y se enfadará con la vida por ser tan cruel, se culpará a sí misma, odiará el amor, va a angustiarse, te recordará con dolor, la tentará la idea de hablarte y seguramente lo hará si no estoy ahí para impedirlo como estaré ahí para consolarla, para escuchar sus dolores, para distraerla y sacarla unos minutos del pozo en el que caerá, para iluminar, así sea con una pequeña llama, cada rincón de su ser, para intentar que vea lo hermosa e increíble que es.

¿Y sabes qué? llegará el día en el que se levantará y decidirá parar, sus heridas se habrán hecho cicatrices y será capaz de todo como lo ha sido siempre y volverá a amarse, será feliz sola en su independencia, será un poco más sabia en la vida y en el amor, sonreirá de nuevo y ya no por vos. 

Cuando ese día llegue, yo estaré a su lado.

Amala bien y dejala.

viernes, 4 de agosto de 2017

Querer

Quisiera ver el sol rodear las curvas de tu rostro y la sombra que se pinta sobre el césped,
quisiera sentir la misma brisa que juega entre las mechas de tu pelo bajo el mismo trozo de cielo,
quisiera ser el cofre donde guardas las palabras que gritas cuando estás feliz y hacerlas historias infinitas,
quisiera escribir las ideas que callas porque las crees absurdas y contar lo que digas bajo la luna.
Quisiera conocer el hilo de tus pensamientos antes de dormir y el rastro de tus sueños al despertar,
quisiera sincronizar tu palpitar con mi caminar y la melodía que me regalan tus carcajadas,
quisiera dibujar en mi pared las medias sonrisas que regalas al mundo sin saberlo junto a las frases que repites sin cesar,
quisiera reemplazar las estrellas con tu mirada de paz y tranquilidad.
Quisiera colgar en mi techo las caricias que se escaparon en los momentos difíciles queriendo sanar las heridas,
quisiera el sabor de tus labios cada mañana de desayuno y cada noche al cenar,
quisiera usar como sábanas el combinado de tus abrazos y como almohada los halagos inesperados,
quisiera de amuleto el roce de las yemas de tus dedos en mi piel, en un frasco y para llevar.

Pero la verdad es que quisiera no querer quererte.

lunes, 27 de marzo de 2017

Despierta

La he visto noches sin dormir girando en su angosta cama, llevando hasta el extremo las sábanas intentando conciliar el sueño que parece no llegar nunca, que amenaza para después esfumarse dejando el sabor amargo del dulce descanso. Y pasan horas más lentas que los suspiros robados por el tiempo y afuera la penumbra, la oscuridad que parece no temer desaparecer en el amanecer, se proclama reina de suelos opacos y señora del brillo de la luna.
He visto como flotan por la habitación sus pensamientos siempre aleatorios, cambiantes, maravillados con la lucidez, a veces destellantes y otras más oscuros que el exterior, a veces llenos de amor y deseo y otras cargados de llanto. Llenan el cubículo y lo explotan, se escapan por la puerta sin aviso y se pierden en un laberinto tan confuso como el insomnio que los gobierna, huyen con la esperanza de ser una realidad y no sólo un invento casi delirante.
La he visto extender sus manos deseando que la luz de un foco le dé calor o la sumerja en el sueño profundo que tanto busca, quizás confía en obtener lo que merece sin saber que justamente aquello es el eterno despertar sin dormir. Y debate si es un castigo o una bendición, si sacrificar lo mágico de los sueños por evitar el mal de las pesadillas en verdad vale la pena. 
He visto sus dibujos de mentiras en las paredes, el rastro de monstruos que deja para sentir la adrenalina de estar viva o, al menos, fingir estarlo porque la realidad en la que habita no sabe si ella es real y ella duda de esa misma realidad. 
La he visto hacer figuras con el humo de sus pulmones y crear historias trágicas unas tras otras, desamor, traición, decepción, en un parpadeo son devoradas por el aire y las vuelve a respirar, llenándose de nuevo una y mil veces más. 
He visto sus palabras en el papel, más no las he oído aún, leí mil versos, rastros de su piel, huellas de su alma, más ni una lágrima. Su rostro es silencio sin muecas, más su alma está llena de gritos.