Nunca estuve al borde de un abismo,
sin embargo me viví allí más de una vez,
me senté dejando caer mis piernas desde la cornisa,
fantaseando con lo que se sentirá al caer.
Sé que dirás que algo así no es sano pero,
¿tanto miedo le tienes a la enfermedad?
Así como en verano pides una brisa fresca
y en invierno imploras por un rayo de sol que dé calor,
así estando vivo de pronto deseas morir,
y a un paso de la muerte luchas por sobrevivir.
Así buscamos lo que queremos entre sobras y chatarra,
pateamos por el camino las cosas buenas del destino,
caemos rendidos de rodillas ante el primer golpe de verdad,
inundamos de pena el pulmón de nuestro reflejo,
y un grito abre el cielo en busca de solución,
mas pocas veces decidimos plantar los pies nuevamente.
Desde la base la torre siempre incomoda con su altitud,
es en un campo de igual a igual, o en la tierra un ataúd.
martes, 21 de febrero de 2017
jueves, 9 de febrero de 2017
Le digamos odio
Cruzando la garganta carrasposa y áspera
Intentas filtrar un grito ensordecedor
Buscas cortar el aire y perforar con tu filo el sabio silencio
Arrastras contigo la cordura más básica y simple
Rey de dominio incomparable
Que rompes las cadenas de la lógica
Y gobiernas imprudente cada idea
Desbocado y sinsentido charlatán, que escupes fuego sin quemarte
Incendios de llamas incontrolables, mantos negros dejas a tu paso
Dueño de verdades y viejo amigo de la rabia
No hay compasión en ti que te impida arrollar con todo
Imprudente e impulsivo señor de los momentos
Sin límites y sin frenos.
Intentas filtrar un grito ensordecedor
Buscas cortar el aire y perforar con tu filo el sabio silencio
Arrastras contigo la cordura más básica y simple
Rey de dominio incomparable
Que rompes las cadenas de la lógica
Y gobiernas imprudente cada idea
Desbocado y sinsentido charlatán, que escupes fuego sin quemarte
Incendios de llamas incontrolables, mantos negros dejas a tu paso
Dueño de verdades y viejo amigo de la rabia
No hay compasión en ti que te impida arrollar con todo
Imprudente e impulsivo señor de los momentos
Sin límites y sin frenos.
Inadecuado
Esto no corresponde a aquello que callé, más bien forma parte de aquel grupo de ideas y oraciones que jamás pudieron ser escritas, aquellas que aparecen de repente en un momento en el que el lápiz y el papel, o ésta aplicación, no están al alcance de la mano. Es complicado escribir sobre lo que alguna vez se pensó, porque si lo pensaste una primera vez la segunda no será igual de buena, no será igual de exacta, ni estará cargada de los mismos sentimientos.
Esto no es otra cosa que una forma de honrar a esas visitantes inoportunas, es un homenaje a medias, porque completo sería imposible, pues ¿quién recuerda exactamente lo que se llevó el tiempo?
A veces pienso que esas pasajeras y fugaces visitantes fueron realmente buenas, y no creo que fueran así porque las recuerde, es más bien algo que siento dentro de mi, como cuando tienes un buen presentimiento, esa sensación de seguridad en la que confías plenamente, bueno, es justo por eso que sé que vale la pena reconocerlas. Y si yo no las reconozco seguro entonces nadie, si las he perdido han quedado en el pasado y se repetirán allí en un bucle interminable en una realidad distinta, a la que ojalá pudiera volver sólo para dejar constancia de la "genialidad" que se me pudo haber ocurrido. Y es que las buenas ideas no vienen siempre, son especiales y llegan en momentos determinados, por lo general de la nada, ¿no te ha sucedido alguna vez?
Me pasa que cuando me dispongo a exprimir mi cerebro éste se resiste y no deja salir ni una mínima gota de inspiración, y está en su derecho, no puedo obligarme a ser ingeniosa o habilidosa, no es algo que puedas empujar a salir, y si lo intentas lo que obtendrás no será para nada interesante y mucho menos agradable, obviando el hecho de que te estás torturando a vos misma.
Siento que es una lástima que la mayoría de las buenas ocurrencias se hayan perdido, y creo que me da aún más pena el no poder recuperarlas, pero sin embargo pienso que de eso se trata un poco la vida, aprendemos lecciones de cosas que olvidamos y perdemos, aunque no concretamente de esas cosas, pero si de la experiencia vacía y sombría que suelen dejar, del hueco en la memoria y el espacio en negro en la grabación. Creo que los seres humanos aprendemos mucho del error y del dolor, aunque del primero muchas veces aprendemos sin quererlo y sin saberlo, del segundo casi siempre queda el rencor y la herida abierta a la que de vez en cuando hacemos sangrar para sentirnos vivos aún, aprendemos más de todo esto que de aquello que nos da felicidad, no tendemos a valorar lo suficiente los buenos momentos cuando los tenemos, mientras que cuando los perdemos o los estropeamos nos sentamos en una esquina a llorar y a extrañarlos.
Es curioso como son las malas experiencias las que guían nuestro comportamiento y hasta nuestro destino, nos equivocamos más de una vez en la misma situación, elegimos más de una vez el camino más oscuro, las mismas decisiones mal escogidas, las mismas piedras para tropezar, y no digo que siempre, pero verdaderamente ¿cuántas veces aprendemos de nuestros errores? Pecamos de inocentes, pecamos de ignorantes y hasta pecamos de estúpidos, la vida en un punto debe de reírsenos en la cara de lo malos que podemos ser equivocándonos; pero por fin un día parece que despertamos con la cabeza más despejada y la mente más ordenada y ahí es cuándo aprendemos y cambiamos, ésta vez para bien.
Cambios, muchos pensamos que seguimos siendo las mismas personas que hace 5 años atrás, pero olvidamos todo lo que nos costó llegar aquí y todo lo que tuvimos que hacer para lograrlo, y cada esfuerzo de esos que nos dejan hasta sin suspiros empujan fuera la pieza que estaba mal y ayudan a construir en su lugar una mejor y más fuerte, y así es como ayer éramos alguien y hoy, en teoría, somos mejores.
Inclusive todas esas frases que no están conmigo hoy fueron parte de mi crecimiento y de lo que soy hoy, para bien o para mal y probablemente sean parte de lo que seré mañana.
Esto no es otra cosa que una forma de honrar a esas visitantes inoportunas, es un homenaje a medias, porque completo sería imposible, pues ¿quién recuerda exactamente lo que se llevó el tiempo?
A veces pienso que esas pasajeras y fugaces visitantes fueron realmente buenas, y no creo que fueran así porque las recuerde, es más bien algo que siento dentro de mi, como cuando tienes un buen presentimiento, esa sensación de seguridad en la que confías plenamente, bueno, es justo por eso que sé que vale la pena reconocerlas. Y si yo no las reconozco seguro entonces nadie, si las he perdido han quedado en el pasado y se repetirán allí en un bucle interminable en una realidad distinta, a la que ojalá pudiera volver sólo para dejar constancia de la "genialidad" que se me pudo haber ocurrido. Y es que las buenas ideas no vienen siempre, son especiales y llegan en momentos determinados, por lo general de la nada, ¿no te ha sucedido alguna vez?
Me pasa que cuando me dispongo a exprimir mi cerebro éste se resiste y no deja salir ni una mínima gota de inspiración, y está en su derecho, no puedo obligarme a ser ingeniosa o habilidosa, no es algo que puedas empujar a salir, y si lo intentas lo que obtendrás no será para nada interesante y mucho menos agradable, obviando el hecho de que te estás torturando a vos misma.
Siento que es una lástima que la mayoría de las buenas ocurrencias se hayan perdido, y creo que me da aún más pena el no poder recuperarlas, pero sin embargo pienso que de eso se trata un poco la vida, aprendemos lecciones de cosas que olvidamos y perdemos, aunque no concretamente de esas cosas, pero si de la experiencia vacía y sombría que suelen dejar, del hueco en la memoria y el espacio en negro en la grabación. Creo que los seres humanos aprendemos mucho del error y del dolor, aunque del primero muchas veces aprendemos sin quererlo y sin saberlo, del segundo casi siempre queda el rencor y la herida abierta a la que de vez en cuando hacemos sangrar para sentirnos vivos aún, aprendemos más de todo esto que de aquello que nos da felicidad, no tendemos a valorar lo suficiente los buenos momentos cuando los tenemos, mientras que cuando los perdemos o los estropeamos nos sentamos en una esquina a llorar y a extrañarlos.
Es curioso como son las malas experiencias las que guían nuestro comportamiento y hasta nuestro destino, nos equivocamos más de una vez en la misma situación, elegimos más de una vez el camino más oscuro, las mismas decisiones mal escogidas, las mismas piedras para tropezar, y no digo que siempre, pero verdaderamente ¿cuántas veces aprendemos de nuestros errores? Pecamos de inocentes, pecamos de ignorantes y hasta pecamos de estúpidos, la vida en un punto debe de reírsenos en la cara de lo malos que podemos ser equivocándonos; pero por fin un día parece que despertamos con la cabeza más despejada y la mente más ordenada y ahí es cuándo aprendemos y cambiamos, ésta vez para bien.
Cambios, muchos pensamos que seguimos siendo las mismas personas que hace 5 años atrás, pero olvidamos todo lo que nos costó llegar aquí y todo lo que tuvimos que hacer para lograrlo, y cada esfuerzo de esos que nos dejan hasta sin suspiros empujan fuera la pieza que estaba mal y ayudan a construir en su lugar una mejor y más fuerte, y así es como ayer éramos alguien y hoy, en teoría, somos mejores.
Inclusive todas esas frases que no están conmigo hoy fueron parte de mi crecimiento y de lo que soy hoy, para bien o para mal y probablemente sean parte de lo que seré mañana.
Fugaz
No es que no se me cruzara por la mente tu rostro,
Simplemente aprendí a aceptar que vagaras por ahí sin mi permiso,
Tampoco pienses que borré las palabras que dijiste por error,
No creo que volver al blanco mate del papel permita recomenzar la historia.
Y ese, el camino fácil seguro es el más escogido,
Protesto sin reparos porque sé que no existe tal sendero,
Pero al ser humano le gusta reconfortarse creyendo que la salida es sencilla,
Como si pudiéramos elegir y escoger con precisión lo que sucederá.
Pecamos de ingenuos la mayoría del tiempo,
Pecamos de débiles el resto de los momentos que sobran.
No me imagines con semblante triste y abrumado,
Ni pintes una sonrisa gigante aprisionando mis mejillas,
Por favor no interpretes mis oraciones como mejor te parezcan,
Ni bordes con el hilo de mi pensamiento la tela de tu almohada,
No busques soñarme en sueños ni soñar despierto,
Recuerda que te pierdes de la realidad si vives de fantasías.
Me atrevo a decirte que no creas en el susurro del viento,
Aunque a veces viajan allí verdades que intentan ocultarse de tí,
No pretendo ubicarme en un lugar que no me corresponde,
Pocas cosas peores que permanecer donde te desconocen.
Mi voz no es ni la más dulce ni la más cálida
Empuja con la fuerza suficiente para llegar, quizás, a donde no quieres,
Y sé que sólo estoy aquí diciendo lo que pienso y no pensando lo que escribo,
Y sé también que las letras que aquí se graban quizás queden sin ser leídas,
Pero no intento que se conozcan las prosas sin rimas nacidas de mis impulsos.
Que pasen desapercibidas y que se pierdan en el vacío del ayer,
Que regresen a mí y huyan bajo mi piel,
Que allí hagan sinapsis con los sentimientos de los que nacieron,
Y que si hallan destino fuera de mí revolucionen y sean motor.
A tí que no te falle la memoria cuando oigas decir mi nombre,
Que las imágenes que crees en tu cabeza se pinten de colores reales,
El epígrafe ahí, de base, en cursiva y letra clara,
Y el pasaje del poema que inventé queriéndote sin pensar,
Sabes que no es sincero que manipules a tu antojo la postal,
Sé que a veces eres sincero y otras un fabulador.
Es sencillo darse cuenta que la oscuridad siempre algo oculta,
Y que lo incandescente de la luz te ciega con estupideces,
Me permito decir que muchas veces la atención está donde no debe,
Es curioso la elección de nuestros ojos, que ante cualquier belleza se enloquecen.
Cuánto ignoramos en un parpadeo
Cuánto detalle ha desaparecido en la nada,
Gemidos desperdiciados y suspiros acallados sin saber.
Y si te preguntas la razón por la que te hablo en esta noche,
Y si me pregunto la razón por la que te escribo desde este rincón,
Y si te preguntas si aún te quiero,
Y si me pregunto si en realidad aún me quiero queriéndote.
Simplemente aprendí a aceptar que vagaras por ahí sin mi permiso,
Tampoco pienses que borré las palabras que dijiste por error,
No creo que volver al blanco mate del papel permita recomenzar la historia.
Y ese, el camino fácil seguro es el más escogido,
Protesto sin reparos porque sé que no existe tal sendero,
Pero al ser humano le gusta reconfortarse creyendo que la salida es sencilla,
Como si pudiéramos elegir y escoger con precisión lo que sucederá.
Pecamos de ingenuos la mayoría del tiempo,
Pecamos de débiles el resto de los momentos que sobran.
No me imagines con semblante triste y abrumado,
Ni pintes una sonrisa gigante aprisionando mis mejillas,
Por favor no interpretes mis oraciones como mejor te parezcan,
Ni bordes con el hilo de mi pensamiento la tela de tu almohada,
No busques soñarme en sueños ni soñar despierto,
Recuerda que te pierdes de la realidad si vives de fantasías.
Me atrevo a decirte que no creas en el susurro del viento,
Aunque a veces viajan allí verdades que intentan ocultarse de tí,
No pretendo ubicarme en un lugar que no me corresponde,
Pocas cosas peores que permanecer donde te desconocen.
Mi voz no es ni la más dulce ni la más cálida
Empuja con la fuerza suficiente para llegar, quizás, a donde no quieres,
Y sé que sólo estoy aquí diciendo lo que pienso y no pensando lo que escribo,
Y sé también que las letras que aquí se graban quizás queden sin ser leídas,
Pero no intento que se conozcan las prosas sin rimas nacidas de mis impulsos.
Que pasen desapercibidas y que se pierdan en el vacío del ayer,
Que regresen a mí y huyan bajo mi piel,
Que allí hagan sinapsis con los sentimientos de los que nacieron,
Y que si hallan destino fuera de mí revolucionen y sean motor.
A tí que no te falle la memoria cuando oigas decir mi nombre,
Que las imágenes que crees en tu cabeza se pinten de colores reales,
El epígrafe ahí, de base, en cursiva y letra clara,
Y el pasaje del poema que inventé queriéndote sin pensar,
Sabes que no es sincero que manipules a tu antojo la postal,
Sé que a veces eres sincero y otras un fabulador.
Es sencillo darse cuenta que la oscuridad siempre algo oculta,
Y que lo incandescente de la luz te ciega con estupideces,
Me permito decir que muchas veces la atención está donde no debe,
Es curioso la elección de nuestros ojos, que ante cualquier belleza se enloquecen.
Cuánto ignoramos en un parpadeo
Cuánto detalle ha desaparecido en la nada,
Gemidos desperdiciados y suspiros acallados sin saber.
Y si te preguntas la razón por la que te hablo en esta noche,
Y si me pregunto la razón por la que te escribo desde este rincón,
Y si te preguntas si aún te quiero,
Y si me pregunto si en realidad aún me quiero queriéndote.
Recuerdos
El recuerdo vivaz de tiempos pasados se ha apoderado de mis pensamientos,
Y la noche con su silencio voraz los dejó vagar libremente.
El latir se aceleró incontrolable galopando a paso firme,
Repentino y furioso espectáculo, burdo y tosco circo.
Presionando con dolor se asoma lentamente
Un filo imperceptible y fino penetrando recónditos sitios olvidados,
Allí donde duermen grietas ya cubiertas y selladas ,
Aquellas que de un momento a otro se dilatan un poco más
Surgiendo, abrumadora como siempre, la tortura melancolía del ayer,
Que no parece desaparecer en la oscuridad de la noche, ni perderse en la tiniebla del sueño.
Este silencio azora y aturde,
Aturde y perfora estos oídos sin cesar,
Penetra como pico de pájaro hambriento un trozo de pan,
Blando y débil, frágil abandonado a su suerte.
Es que haz aparecido repentinamente,
Invadiste de nostalgia mi atmósfera y la llenaste completa de ti,
No dejaste segundo alguno para asimilarte,
Ni salida disponible para escaparme de aquí.
Egoísta recuerdo que olvidas los daños,
Frotas con tu pútrida uña la costra endurecida,
Pretendiendo hacer brotar la sangre de la que te alimentas.
Maldito recuerdo que apareces inesperado y sorpresivo,
Cruel y dañino.
Sólo me queda olvidarte otra vez,
Llevarte y arrinconarte en el extremo más lejano,
Llenarte de cadenas con macizos eslabones
Y mantenerte allí oculto y escondido.
Pequeño gran victimario de mis pesares,
Ojalá pudiera mantenerte siempre lejos de mi,
Ojalá pudiera yo dejar de temerte,
Ojalá pudiera yo dejar de sentir la incertidumbre de tu aparición.
De vez en vez me encuentro como ahora,
Huyendo hacia mi abismo personal,
Huyendo de la posibilidad de encontrarte nuevamente,
Huyendo de un ayer que no desaparece ni se rinde ante el padecimiento,
Huyendo de ti, pero sobre todo huyendo de mi.
Y la noche con su silencio voraz los dejó vagar libremente.
El latir se aceleró incontrolable galopando a paso firme,
Repentino y furioso espectáculo, burdo y tosco circo.
Presionando con dolor se asoma lentamente
Un filo imperceptible y fino penetrando recónditos sitios olvidados,
Allí donde duermen grietas ya cubiertas y selladas ,
Aquellas que de un momento a otro se dilatan un poco más
Surgiendo, abrumadora como siempre, la tortura melancolía del ayer,
Que no parece desaparecer en la oscuridad de la noche, ni perderse en la tiniebla del sueño.
Este silencio azora y aturde,
Aturde y perfora estos oídos sin cesar,
Penetra como pico de pájaro hambriento un trozo de pan,
Blando y débil, frágil abandonado a su suerte.
Es que haz aparecido repentinamente,
Invadiste de nostalgia mi atmósfera y la llenaste completa de ti,
No dejaste segundo alguno para asimilarte,
Ni salida disponible para escaparme de aquí.
Egoísta recuerdo que olvidas los daños,
Frotas con tu pútrida uña la costra endurecida,
Pretendiendo hacer brotar la sangre de la que te alimentas.
Maldito recuerdo que apareces inesperado y sorpresivo,
Cruel y dañino.
Sólo me queda olvidarte otra vez,
Llevarte y arrinconarte en el extremo más lejano,
Llenarte de cadenas con macizos eslabones
Y mantenerte allí oculto y escondido.
Pequeño gran victimario de mis pesares,
Ojalá pudiera mantenerte siempre lejos de mi,
Ojalá pudiera yo dejar de temerte,
Ojalá pudiera yo dejar de sentir la incertidumbre de tu aparición.
De vez en vez me encuentro como ahora,
Huyendo hacia mi abismo personal,
Huyendo de la posibilidad de encontrarte nuevamente,
Huyendo de un ayer que no desaparece ni se rinde ante el padecimiento,
Huyendo de ti, pero sobre todo huyendo de mi.
Tu lugar en el mundo
Tu lugar en el mundo podría no ser un lugar específico, podría ser un concepto o simplemente un momento, un segundo, un respiro, ese espacio que te brinda sin escatimar, a lo largo y a lo ancho, una especie de felicidad difícilmente comprensible, como un murmullo de alegría que pocos oídos pueden percibir.
No pretendo ligar una sensación tan magnífica y significativa a una cosa material, pero quizás ese lugar en el mundo esté fijado a algún objeto que reviva dentro tuyo aquellos sentimientos, un recuerdo fugaz que se presenta nítido en tu mente; podría ser una fotografía, la ilusión que ella transmite o la imagen que perciben tus ojos y agita tu corazón, una canción que eriza los vellos de tu piel y te invade con escalofríos de placer o una frase que trae hasta vos una sonrisa imprudente e indisimulable.
Tu lugar en el mundo tiene tu nombre y tiene las huellas que deja el placer que te provoca, tiene los recuerdos de cada momento en el que estuviste ahí, las marcas que hiciste queriendo o sin querer, tiene tus risas sinceras, esas que explotan sin miedo, sin temor al qué dirán, las espontáneas y puras de tu intimidad, pero también tiene tus llantos, guarda cada lágrima en un frasco porque sos mucho más que sonrisas y buenos momentos, sos una persona con corazón que a veces toca fondo; en aquel lugar no está permitido guardarse nada, el alma puede hacerse pesada con rapidez y no es bueno conservar aquello que pide brotar.
Muchas veces debes compartir una parte de ese lugar, es sencillo comprender que en este mundo existen personas que coinciden y tienen en común cosas con vos, seres humanos que ven en aquel sitio lo mismo que ves vos y para quienes significa tanto como para vos, o algo similar, quizás más o quizás menos. Es en ese momento en el que empezas a sentir como la soledad se aleja y aprendes a apreciar la compañía que te comprende y que comprendes, dejas que al egoísmo se lo lleve el viento y se vuelven corazones latiendo al unísono. Alegría compartida vale mucho más.
Si, sé que es TU lugar en el mundo y que muchas veces es esa vía de escape privilegiada, el sendero que te aleja de la realidad, de la cotidianidad de la vida diaria, entiendo que en ciertos días lo quieras sólo para vos, que anheles la tranquilidad del silencio, pero déjame decirte que acompañada los problemas se hacen más livianos y las soluciones se presentan mucho más deprisa, la calidez que brindan las palabras de otros y la ayuda que pueda regalarte un compañero siempre será mejor que lo que pueda darte la soledad.
De pronto, tu lugar en el mundo alberga una pequeña comunidad de la que sos parte, cada integrante aporta algo único e inigualable, especial e irrepetible, fundamental y necesario; la fuerza que te invade y el fuego que despierta en tu interior se manejan dentro de los límites del bienestar del grupo, nunca mejor dicho 'todos para uno y uno para todos'. Se comparte el sentimiento, es una la pasión, un mismo camino que transitan juntos.
Tu lugar en el mundo no es perfecto, es REAL, tiene defectos al igual que vos los tenés, (como todas las personas). En algún momento quizás cometas un error, otras veces puede que cruce por tu mente abandonar aquel lugar y no volver jamás, quizás estés débil y decidas que no es sitio para vos, que ya no sos feliz allí, que no lo disfrutas como antes... no puedo afirmarte que aquello sea falso, no puedo decirte que tu lugar en el mundo será siempre el mismo, pero puedo consolarte diciéndote que desde lejos muchas veces las cosas se ven con mayor claridad y en ocasiones sólo así apreciamos el bien que nos hacía lo que abandonamos.
Tu lugar en el mundo no es eterno, es triste pensar que pueda llegar el día en el que la felicidad ya no esté ahí pero es reconfortante saber que seguramente la encontres en otro lugar. La vida es así, nos invita a movernos y a avanzar constantemente, aunque a veces eso implique heridas que duelan en lo profundo del alma.
Tu lugar en el mundo muestra tu mejor y tu peor versión, muestra quien realmente sos y la esencia de lo que llevas dentro, te deja volar con libertad y te brinda la posibilidad de hacerlo acompañado.
Tu lugar en el mundo es efímero, que eso no te quite la posibilidad de aprovecharlo y disfrutarlo al máximo.
No pretendo ligar una sensación tan magnífica y significativa a una cosa material, pero quizás ese lugar en el mundo esté fijado a algún objeto que reviva dentro tuyo aquellos sentimientos, un recuerdo fugaz que se presenta nítido en tu mente; podría ser una fotografía, la ilusión que ella transmite o la imagen que perciben tus ojos y agita tu corazón, una canción que eriza los vellos de tu piel y te invade con escalofríos de placer o una frase que trae hasta vos una sonrisa imprudente e indisimulable.
Tu lugar en el mundo tiene tu nombre y tiene las huellas que deja el placer que te provoca, tiene los recuerdos de cada momento en el que estuviste ahí, las marcas que hiciste queriendo o sin querer, tiene tus risas sinceras, esas que explotan sin miedo, sin temor al qué dirán, las espontáneas y puras de tu intimidad, pero también tiene tus llantos, guarda cada lágrima en un frasco porque sos mucho más que sonrisas y buenos momentos, sos una persona con corazón que a veces toca fondo; en aquel lugar no está permitido guardarse nada, el alma puede hacerse pesada con rapidez y no es bueno conservar aquello que pide brotar.
Muchas veces debes compartir una parte de ese lugar, es sencillo comprender que en este mundo existen personas que coinciden y tienen en común cosas con vos, seres humanos que ven en aquel sitio lo mismo que ves vos y para quienes significa tanto como para vos, o algo similar, quizás más o quizás menos. Es en ese momento en el que empezas a sentir como la soledad se aleja y aprendes a apreciar la compañía que te comprende y que comprendes, dejas que al egoísmo se lo lleve el viento y se vuelven corazones latiendo al unísono. Alegría compartida vale mucho más.
Si, sé que es TU lugar en el mundo y que muchas veces es esa vía de escape privilegiada, el sendero que te aleja de la realidad, de la cotidianidad de la vida diaria, entiendo que en ciertos días lo quieras sólo para vos, que anheles la tranquilidad del silencio, pero déjame decirte que acompañada los problemas se hacen más livianos y las soluciones se presentan mucho más deprisa, la calidez que brindan las palabras de otros y la ayuda que pueda regalarte un compañero siempre será mejor que lo que pueda darte la soledad.
De pronto, tu lugar en el mundo alberga una pequeña comunidad de la que sos parte, cada integrante aporta algo único e inigualable, especial e irrepetible, fundamental y necesario; la fuerza que te invade y el fuego que despierta en tu interior se manejan dentro de los límites del bienestar del grupo, nunca mejor dicho 'todos para uno y uno para todos'. Se comparte el sentimiento, es una la pasión, un mismo camino que transitan juntos.
Tu lugar en el mundo no es perfecto, es REAL, tiene defectos al igual que vos los tenés, (como todas las personas). En algún momento quizás cometas un error, otras veces puede que cruce por tu mente abandonar aquel lugar y no volver jamás, quizás estés débil y decidas que no es sitio para vos, que ya no sos feliz allí, que no lo disfrutas como antes... no puedo afirmarte que aquello sea falso, no puedo decirte que tu lugar en el mundo será siempre el mismo, pero puedo consolarte diciéndote que desde lejos muchas veces las cosas se ven con mayor claridad y en ocasiones sólo así apreciamos el bien que nos hacía lo que abandonamos.
Tu lugar en el mundo no es eterno, es triste pensar que pueda llegar el día en el que la felicidad ya no esté ahí pero es reconfortante saber que seguramente la encontres en otro lugar. La vida es así, nos invita a movernos y a avanzar constantemente, aunque a veces eso implique heridas que duelan en lo profundo del alma.
Tu lugar en el mundo muestra tu mejor y tu peor versión, muestra quien realmente sos y la esencia de lo que llevas dentro, te deja volar con libertad y te brinda la posibilidad de hacerlo acompañado.
Tu lugar en el mundo es efímero, que eso no te quite la posibilidad de aprovecharlo y disfrutarlo al máximo.
"Mujer" Parte tres: El recuerdo
Los restos de la noche siguen allí, inmóviles, él se encuentra soñando en su cama y la casa parece estar en paz, aún se oye los restos del desastre de hace unas horas atrás combinados con el viento que canta su canción más triste.
Sentada en el frío suelo se encuentra ella con una fotografía en sus manos, de pronto una pequeña gota cae sobre el vidrio que la protege y la obliga a secarse los ojos con los puños de su camiseta. Ahí está el campo y ellos dos, sus brillantes cabelleras reflejan los rayos del sol y sus caras esbozan sonrisas que hace tiempo no practica, ha olvidado por completo como hacerlas. Cerrando los ojos puede oír las carcajadas de aquel día y sentir la calidez de los abrazos que se fueron perdiendo en el laberinto de los recuerdos, con mucho esfuerzo puede hasta sentir respirar el aire de ese momento, puro y agradable. No puede negar lo mucho que extraña todo eso.
Muchas veces se pregunta si es correcto recordar, a veces le causa un dolor inaguantable el saber que todo aquello sólo se volvieron imágenes en su cabeza y en ocasiones duda de la fidelidad de ellas. Se repite a si misma que no volverán y se abre una herida que parece nunca sanar, es profunda y duele hasta los huesos.
Mujer que sufres por el ayer te has dejado a ti misma atrás y has olvidado que aún eres en el hoy.
Abandona su ensimismamiento y oye el sollozo de aquel hombre, sabe que al igual que ella, él también está sufriendo y es probable que su dolor sea mucho peor, siente la impotencia de no poder ayudarlo a sanar su corazón y explota en un llanto de rabia y coraje. Lleva sus manos a su cabeza y desea fuertemente volver el tiempo atrás, evitar tanto sufrimiento y tanto malestar, desea no haber tomado esa desición, se odia a si misma y le es imposible perdonarse.
Sus ojos rojos de tanto llorar, sus mejillas sonrojadas y bañadas en sentimientos hechos lágrimas, lleva el pelo totalmente despeinado y carga con un fuerte peso en el corazón. Frágil y bella dama perdida ojalá pudieras volver a ser feliz.
Se pone de pie y se dirige a paso lento hacia el lecho, observa a aquel otro en su misma situación y se asoma para acariciarle la mejilla, como respuesta recibe una tímida sonrisa, está dormido y parece disfrutar de tranquilidad, ella logra calmarse por unos minutos, se asoma a su oído susurrandole suavemente un "te quiero" sincero.
Dentro suyo la culpa la ha llenado por completo, no puede evitar estar triste y es incapaz de fingir fortaleza. Es consciente de que nada de eso habría ocurrido de no haber sido por su egoísmo. Si tan sólo lo hubiera pensado mejor y no hubiera actuado de forma inmadura él estaría bien y hasta quizás sería feliz, aunque en realidad duda que ella lo estaría, porque siempre le tocó sufrir, no sólo ahora, antes el dolor y el llanto ya eran parte de su vida, eran parte de si misma.
Vuelve a sujetar la fotografía, recuerda que había una frase que él escribió en algún momento. La saca del marco negro que la contiene y la voltea: "Hermana mía, siempre te protegeré"
Lee la frase una y otra vez, ya no le quedan lágrimas por derramar, entiende que de nada servirán, el daño irreparable que le causó quedará grabado en su corazón, formando cicatrices imposibles de borrar.
Le había quitado su hermana a ese hombre que descansaba unos metros detrás de ella, una hermana que era lo único que le quedaba y a quien juró proteger siempre, su pequeña niña, su única razón por la cuál seguir luchando.
Los recuerdos de esa noche se abalanzan sobre su cabeza, y la imagen de ella misma postrada inmóvil hace arder todo su cuerpo, la nota de despedida entre sus manos tiesas no es más que dos líneas crudas y frías. Su corazón produce un silencio ensordecedor y la mirada de esos ojos la cortan como cuchillas.
Su mente para de viajar y ella regresa, se dirige frente al espejo y se observa completa, cada detalle de su cuerpo, su tez blanca, su piel fría como el hielo, sus labios duros de rosa pálido que casi no se distinguen y aquellos ojos que una vez fueron faros de luz hoy no son más que perlas negras indescifrables.
Mujer, que no estás sola y te has abandonado al cruel destino de una vida de sufrimiento, te invadió la cobardía y fuiste débil, pero aceptas todo eso y nunca pierdes la esperanza de hallar escapatoria.
Mujer entiende que correr no es solución, que huir no desatará los nudos de tu interior.
Sentada en el frío suelo se encuentra ella con una fotografía en sus manos, de pronto una pequeña gota cae sobre el vidrio que la protege y la obliga a secarse los ojos con los puños de su camiseta. Ahí está el campo y ellos dos, sus brillantes cabelleras reflejan los rayos del sol y sus caras esbozan sonrisas que hace tiempo no practica, ha olvidado por completo como hacerlas. Cerrando los ojos puede oír las carcajadas de aquel día y sentir la calidez de los abrazos que se fueron perdiendo en el laberinto de los recuerdos, con mucho esfuerzo puede hasta sentir respirar el aire de ese momento, puro y agradable. No puede negar lo mucho que extraña todo eso.
Muchas veces se pregunta si es correcto recordar, a veces le causa un dolor inaguantable el saber que todo aquello sólo se volvieron imágenes en su cabeza y en ocasiones duda de la fidelidad de ellas. Se repite a si misma que no volverán y se abre una herida que parece nunca sanar, es profunda y duele hasta los huesos.
Mujer que sufres por el ayer te has dejado a ti misma atrás y has olvidado que aún eres en el hoy.
Abandona su ensimismamiento y oye el sollozo de aquel hombre, sabe que al igual que ella, él también está sufriendo y es probable que su dolor sea mucho peor, siente la impotencia de no poder ayudarlo a sanar su corazón y explota en un llanto de rabia y coraje. Lleva sus manos a su cabeza y desea fuertemente volver el tiempo atrás, evitar tanto sufrimiento y tanto malestar, desea no haber tomado esa desición, se odia a si misma y le es imposible perdonarse.
Sus ojos rojos de tanto llorar, sus mejillas sonrojadas y bañadas en sentimientos hechos lágrimas, lleva el pelo totalmente despeinado y carga con un fuerte peso en el corazón. Frágil y bella dama perdida ojalá pudieras volver a ser feliz.
Se pone de pie y se dirige a paso lento hacia el lecho, observa a aquel otro en su misma situación y se asoma para acariciarle la mejilla, como respuesta recibe una tímida sonrisa, está dormido y parece disfrutar de tranquilidad, ella logra calmarse por unos minutos, se asoma a su oído susurrandole suavemente un "te quiero" sincero.
Dentro suyo la culpa la ha llenado por completo, no puede evitar estar triste y es incapaz de fingir fortaleza. Es consciente de que nada de eso habría ocurrido de no haber sido por su egoísmo. Si tan sólo lo hubiera pensado mejor y no hubiera actuado de forma inmadura él estaría bien y hasta quizás sería feliz, aunque en realidad duda que ella lo estaría, porque siempre le tocó sufrir, no sólo ahora, antes el dolor y el llanto ya eran parte de su vida, eran parte de si misma.
Vuelve a sujetar la fotografía, recuerda que había una frase que él escribió en algún momento. La saca del marco negro que la contiene y la voltea: "Hermana mía, siempre te protegeré"
Lee la frase una y otra vez, ya no le quedan lágrimas por derramar, entiende que de nada servirán, el daño irreparable que le causó quedará grabado en su corazón, formando cicatrices imposibles de borrar.
Le había quitado su hermana a ese hombre que descansaba unos metros detrás de ella, una hermana que era lo único que le quedaba y a quien juró proteger siempre, su pequeña niña, su única razón por la cuál seguir luchando.
Los recuerdos de esa noche se abalanzan sobre su cabeza, y la imagen de ella misma postrada inmóvil hace arder todo su cuerpo, la nota de despedida entre sus manos tiesas no es más que dos líneas crudas y frías. Su corazón produce un silencio ensordecedor y la mirada de esos ojos la cortan como cuchillas.
Su mente para de viajar y ella regresa, se dirige frente al espejo y se observa completa, cada detalle de su cuerpo, su tez blanca, su piel fría como el hielo, sus labios duros de rosa pálido que casi no se distinguen y aquellos ojos que una vez fueron faros de luz hoy no son más que perlas negras indescifrables.
Mujer, que no estás sola y te has abandonado al cruel destino de una vida de sufrimiento, te invadió la cobardía y fuiste débil, pero aceptas todo eso y nunca pierdes la esperanza de hallar escapatoria.
Mujer entiende que correr no es solución, que huir no desatará los nudos de tu interior.
"Mujer" Parte dos: Él
Afuera la noche invade cada rincón y el viento violento se cuela entre los árboles del jardín y los agita hasta casi arrancarlos de raíz, una nube gris apresura su paso bajando por la montaña más lejana y la atmósfera toda se vuelve triste e impenetrable.
Espera junto a la puerta el girar de la llave, juega con sus dedos y por dentro ruega que la tormenta no se desate dentro, otra vez. Se oye el sonido del metal girando y velozmente él ingresa seguido del murmullo de la tempestad. Arroja las llaves sobre la mesa, y se dirige directo a la heladera de donde saca un trozo de carne de hace un par de días atrás endurecida por el frío, una botella plástica de agua y un tomate a medio pudrirse, coloca todo sobre la mesa y se dispone a cenar.
Ella sentada enfrente conserva casi el mismo silencio que su compañero, mira sin parpadear cada movimiento y cada bocado, casi ni se la oye respirar. Se levanta de su lugar y se ubica de pie junto a él, coloca sus manos sobre sus hombros y el mentón en su cabeza, haciendo bailar sus cabellos al compás de su respiración.
Él se ha detenido, observa por unos segundos como hipnotizado el televisor apagado y se pone de pie encaminándose hacia el control remoto; ignorándola por completo y dejándola ahí parada, sin siquiera voltear a verla, se ubica en el sofá y enciende el artefacto.
A un volumen exagerado la voz del narrador del partido retumba en las paredes y hace vibrar los cristales de las ventanas. Afuera llueve una barbaridad, la tormenta se encuentra en su cúspide y la luz fugaz de los relámpagos aparece por pequeños instantes atravesando las cortinas verdes, los truenos apenas son perceptibles.
Ambos fingen disfrutar mirando la pantalla, fingen disfrutar la compañía y fingen que no se mienten a si mismos.
Bruscamente él se levanta del sofá y se dirige nuevamente hacia la heladera, de reojo ella lo observa atenta. Una botella de vino barato y un vaso lleno casi hasta el borde es lo que lleva hacia donde se encontraba minutos antes, ella ya sabe lo que vendrá, su piel sintió que la tormenta ya estaba ahí sobre ellos a punto de invadirlos por completo.
El veneno desaparecía llenando un vacío infinito, desaparecía dejando a su paso un infierno insoportable del que no podía librarse ni él ni ella, mucho menos ella que era protagonista siempre en esa ocasión.
Los gritos son quienes se apoderan del lugar y se establecen como dueños y señores de cada centímetro de aquellas cuatro paredes, invaden todo y la invaden por completo, están en su cabeza y son propietarios de su ser. La botella vacía estalla contra una pared y los cristales caen al suelo en un agudo compás, víctima de impotencia, resultado de la rabia y el dolor.
Ella está allí, inmóvil como cada día, sin decir una palabra y bañada en su propio llanto incapaz de calmar furia, sus inútiles intentos siempre han sido ignorados con brutalidad. No hay nada que pueda hacer más que esperar y aguantar.
Espera junto a la puerta el girar de la llave, juega con sus dedos y por dentro ruega que la tormenta no se desate dentro, otra vez. Se oye el sonido del metal girando y velozmente él ingresa seguido del murmullo de la tempestad. Arroja las llaves sobre la mesa, y se dirige directo a la heladera de donde saca un trozo de carne de hace un par de días atrás endurecida por el frío, una botella plástica de agua y un tomate a medio pudrirse, coloca todo sobre la mesa y se dispone a cenar.
Ella sentada enfrente conserva casi el mismo silencio que su compañero, mira sin parpadear cada movimiento y cada bocado, casi ni se la oye respirar. Se levanta de su lugar y se ubica de pie junto a él, coloca sus manos sobre sus hombros y el mentón en su cabeza, haciendo bailar sus cabellos al compás de su respiración.
Él se ha detenido, observa por unos segundos como hipnotizado el televisor apagado y se pone de pie encaminándose hacia el control remoto; ignorándola por completo y dejándola ahí parada, sin siquiera voltear a verla, se ubica en el sofá y enciende el artefacto.
A un volumen exagerado la voz del narrador del partido retumba en las paredes y hace vibrar los cristales de las ventanas. Afuera llueve una barbaridad, la tormenta se encuentra en su cúspide y la luz fugaz de los relámpagos aparece por pequeños instantes atravesando las cortinas verdes, los truenos apenas son perceptibles.
Ambos fingen disfrutar mirando la pantalla, fingen disfrutar la compañía y fingen que no se mienten a si mismos.
Bruscamente él se levanta del sofá y se dirige nuevamente hacia la heladera, de reojo ella lo observa atenta. Una botella de vino barato y un vaso lleno casi hasta el borde es lo que lleva hacia donde se encontraba minutos antes, ella ya sabe lo que vendrá, su piel sintió que la tormenta ya estaba ahí sobre ellos a punto de invadirlos por completo.
El veneno desaparecía llenando un vacío infinito, desaparecía dejando a su paso un infierno insoportable del que no podía librarse ni él ni ella, mucho menos ella que era protagonista siempre en esa ocasión.
Los gritos son quienes se apoderan del lugar y se establecen como dueños y señores de cada centímetro de aquellas cuatro paredes, invaden todo y la invaden por completo, están en su cabeza y son propietarios de su ser. La botella vacía estalla contra una pared y los cristales caen al suelo en un agudo compás, víctima de impotencia, resultado de la rabia y el dolor.
Ella está allí, inmóvil como cada día, sin decir una palabra y bañada en su propio llanto incapaz de calmar furia, sus inútiles intentos siempre han sido ignorados con brutalidad. No hay nada que pueda hacer más que esperar y aguantar.
"Mujer" Parte uno: Descanso
Respira profundamente y se dispone a relajarse unos minutos, disfruta del silencio y de la brisa fresca de invierno que se filtra por los barrotes de su ventana a medio abrir, observa el cielo a través de ella y se pierde en su celeste inmaculado. Libera sus pies del fatigante calzado de goma y desnudos los coloca sobre aquella alfombra que solía tener un blanco mate impecable, los mueve, los observa y por último estira sus dedos como abanico, quizás para que descansen unos segundos y su dolor pueda ser calmado. Acaricia con la planta aquellas porciones que conservan algo de la suavidad del algodón, lo hace y pareciera que imagina que es la cálida piel de alguien a quien pudo amar.
Intenta evitar que aquellos pensamientos sigan su curso y corta bruscamente el hilo de sus ideas, alza la cabeza y la mueve hacia los lados para relajar su cuello, realiza un movimiento fluido y cuidadoso, ya lo hizo muchas veces antes pero el placer es siempre el mismo. Su rostro descubre una leve sonrisa y confirma las sospechas de lo mucho que disfruta ese espacio, mantiene los ojos cerrados, quizás soñando despierta que está en aquel campo verde con el sol de primavera sobre él, quizás soñando que no está donde está. Se ve obligada a abrirlos, acto seguido suspira y parece ser que mantenía su respiración desde hace horas.
Inmóvil su cuerpo, con sus ojos recorre los rincones de la habitación y es imposible adivinar qué es lo que cruza por su cabeza, aquello decidió guardárselo para ella misma. Regresa su mirada hacia la ventana y descubre que la luz ha empezado a disminuir, la oscuridad de la noche se asomaba tímida, entonces descubre una mueca de decepción.
Mujer, el tiempo, cuando se disfruta, vuela como pájaro que es liberado de su jaula y desaparece en el horizonte.
Intenta evitar que aquellos pensamientos sigan su curso y corta bruscamente el hilo de sus ideas, alza la cabeza y la mueve hacia los lados para relajar su cuello, realiza un movimiento fluido y cuidadoso, ya lo hizo muchas veces antes pero el placer es siempre el mismo. Su rostro descubre una leve sonrisa y confirma las sospechas de lo mucho que disfruta ese espacio, mantiene los ojos cerrados, quizás soñando despierta que está en aquel campo verde con el sol de primavera sobre él, quizás soñando que no está donde está. Se ve obligada a abrirlos, acto seguido suspira y parece ser que mantenía su respiración desde hace horas.
Inmóvil su cuerpo, con sus ojos recorre los rincones de la habitación y es imposible adivinar qué es lo que cruza por su cabeza, aquello decidió guardárselo para ella misma. Regresa su mirada hacia la ventana y descubre que la luz ha empezado a disminuir, la oscuridad de la noche se asomaba tímida, entonces descubre una mueca de decepción.
Mujer, el tiempo, cuando se disfruta, vuela como pájaro que es liberado de su jaula y desaparece en el horizonte.
"A primera vista" CAPÍTULO DOS
Ese mismo día, un par de horas más tarde ellos se fueron, sabía que volverían tarde. Fue entonces cuando entré a su casa con la llave que guardaba tras el arbusto de la entrada, empecé a cocinar su comida favorita, en una de aquellas charlas había mencionado y desde allí no se me olvida, encendí unas velas y prepare la mesa para 3.
En la puerta de entrada, por el lado de afuera, los esperaba una canasta con unas cuantas galletas caseras que había preparado yo misma siguiendo la receta familiar pero agregando una gran cantidad de un ingrediente sorpresa: clonazepam, para que durmieran pronto. Se las comieron casi todas, sobre ellas posaba una nota en la que excusaba que eran a modo de agradecimiento por unos favores que él me había hecho. Confiaron rápidamente.
Al cabo de unos minutos vi por la rendija de la puerta de la cocina que ambos se sumieron en un profundo sueño. Tuve que llevarlos hasta el comedor, los senté y con una soga los até a las sillas, acto seguido los amordacé para evitar que gritaran.
Al despertar no entendían nada, aún estaban algo somnolientos, les serví la comida y con una gran sonrisa les dije en tono alegre:
-¡A comer!
Pero al parecer no tenían hambre. Ella lloraba y se movía desesperadamente, le dije en tono gentil y susurrándole al oído que no iba a hacerle daño, él también se movía mucho; tal vez querían desatarse.
No paraban de inquietante con sus sacudidas y sus fallidos intentos por escapar, quería hablar con ellos como personas adultas que somos pero era imposible porque ambos se comportaban como niños. No soportaba las interrupciones de sus gemidos y no me quedó otra opción que amenazarlos para que guardaran silencio.
Se hacía tarde y la paciencia empezaba a desaparecer de mi cuerpo , como los minutos que pasan y se pierden en el ayer imposibles de recuperar.
Tuvimos una larga charla una vez que lograron callarse, en realidad fue mas un monólogo ya que sólo yo hablaba y ellos escuchaban. En un momento recordé que había preparado un postre y fui a buscarlo a la cocina demorándome unos minutos, al regresar ella me sorprendió empujándome contra el ventanal que se rompió en mil pedazos abriendo heridas en mi espalda con los cristales. Me encontraba en el suelo junto a restos de vidrios y trozos de aquella tarta ya irreconocible, vi que ella corría hacia él para desatarlo, fue entonces cuando me levanté velozmente y con un trozo de vidrio en mi mano derecha me dirigí hacia ella y clavándoselo con violencia le puse fin a su vida. Recuerdo que inútilmente intentó quitárselo, pero ese ingenuo acto sólo aceleró lo inevitable.
Alcé la cabeza y me dispuse a ir hacia él, vi que le caían lágrimas por las mejillas, lloraba desconsoladamente como un niño pequeño, frágil, débil y perdido; le sonreí. Saqué el cuchillo que había ocultado bajo la mesa, era de un tamaño un poco exagerado lo sé, se lo mostré esbozando una mueca algo cómica y en ese momento su mirada expuso ante mis ojos cuán asustado estaba; una pequeña y casi muda carcajada salió de mis labios.
Fui a la cocina, encendí la hornalla y coloque sobre ésta el cuchillo por un largo rato; la apagué y regresé. El cuchillo era color fuego y ardía tanto como el infierno mismo, entonces él llevó sus ojos hasta mi y luego al utensilio, me le acerqué lentamente disfrutando cada paso y cada centímetro que me llevaba hacia su lado, le sujeté el rostro fuertemente y coloqué el filo sobre su mejilla dejando la huella del amor eterno en él, luego en mi. Intentó gritar pero fue en vano, su garganta estaba siendo abierta de lado a lado con suma lentitud, su sangre brotaba como una cascada termal, caliente y con violencia, empapé mis manos en ella disfrutando su ligero espesor y la llevé a mis labios.
Me ubiqué frente a él, los dos sentados al rededor de la mesa tuvimos una charla más íntima por unos momentos, me lavé las manos y lo llevé hasta su habitación, para posarlo en su cama, lo cubrí con una frazada, de pronto la noche se volvió helada. Regresé por ella y la arrastré hacia la parte posterior de la casa, encendí una fogata y deje que el fuego hiciera lo suyo sobre su cuerpo, el humo negro invadía el firmamento y creí oír a lo lejos su aguda voz, pero respiré tranquila porque sabía que sólo era mi imaginación, ella ya no estaba, aquella llama había desaparecido consumándose a sí misma.
Después de limpiar la sangre derramada volví hacia el cuarto donde él dormía y me recosté a su lado en la oscuridad de la noche, abrazándolo fuertemente, diciéndole cuánto lo amaba. Observé a través de la ventana de la habitación las luces del alba, fue cuando marqué en mi celular el número de la policía, les conté todo lo que sucedió de manera muy resumida sin responder preguntas y corté.
Sabía que llegarían pronto, asi que me dispuse a seguir durmiendo al lado del amor de mi vida.
En la puerta de entrada, por el lado de afuera, los esperaba una canasta con unas cuantas galletas caseras que había preparado yo misma siguiendo la receta familiar pero agregando una gran cantidad de un ingrediente sorpresa: clonazepam, para que durmieran pronto. Se las comieron casi todas, sobre ellas posaba una nota en la que excusaba que eran a modo de agradecimiento por unos favores que él me había hecho. Confiaron rápidamente.
Al cabo de unos minutos vi por la rendija de la puerta de la cocina que ambos se sumieron en un profundo sueño. Tuve que llevarlos hasta el comedor, los senté y con una soga los até a las sillas, acto seguido los amordacé para evitar que gritaran.
Al despertar no entendían nada, aún estaban algo somnolientos, les serví la comida y con una gran sonrisa les dije en tono alegre:
-¡A comer!
Pero al parecer no tenían hambre. Ella lloraba y se movía desesperadamente, le dije en tono gentil y susurrándole al oído que no iba a hacerle daño, él también se movía mucho; tal vez querían desatarse.
No paraban de inquietante con sus sacudidas y sus fallidos intentos por escapar, quería hablar con ellos como personas adultas que somos pero era imposible porque ambos se comportaban como niños. No soportaba las interrupciones de sus gemidos y no me quedó otra opción que amenazarlos para que guardaran silencio.
Se hacía tarde y la paciencia empezaba a desaparecer de mi cuerpo , como los minutos que pasan y se pierden en el ayer imposibles de recuperar.
Tuvimos una larga charla una vez que lograron callarse, en realidad fue mas un monólogo ya que sólo yo hablaba y ellos escuchaban. En un momento recordé que había preparado un postre y fui a buscarlo a la cocina demorándome unos minutos, al regresar ella me sorprendió empujándome contra el ventanal que se rompió en mil pedazos abriendo heridas en mi espalda con los cristales. Me encontraba en el suelo junto a restos de vidrios y trozos de aquella tarta ya irreconocible, vi que ella corría hacia él para desatarlo, fue entonces cuando me levanté velozmente y con un trozo de vidrio en mi mano derecha me dirigí hacia ella y clavándoselo con violencia le puse fin a su vida. Recuerdo que inútilmente intentó quitárselo, pero ese ingenuo acto sólo aceleró lo inevitable.
Alcé la cabeza y me dispuse a ir hacia él, vi que le caían lágrimas por las mejillas, lloraba desconsoladamente como un niño pequeño, frágil, débil y perdido; le sonreí. Saqué el cuchillo que había ocultado bajo la mesa, era de un tamaño un poco exagerado lo sé, se lo mostré esbozando una mueca algo cómica y en ese momento su mirada expuso ante mis ojos cuán asustado estaba; una pequeña y casi muda carcajada salió de mis labios.
Fui a la cocina, encendí la hornalla y coloque sobre ésta el cuchillo por un largo rato; la apagué y regresé. El cuchillo era color fuego y ardía tanto como el infierno mismo, entonces él llevó sus ojos hasta mi y luego al utensilio, me le acerqué lentamente disfrutando cada paso y cada centímetro que me llevaba hacia su lado, le sujeté el rostro fuertemente y coloqué el filo sobre su mejilla dejando la huella del amor eterno en él, luego en mi. Intentó gritar pero fue en vano, su garganta estaba siendo abierta de lado a lado con suma lentitud, su sangre brotaba como una cascada termal, caliente y con violencia, empapé mis manos en ella disfrutando su ligero espesor y la llevé a mis labios.
Me ubiqué frente a él, los dos sentados al rededor de la mesa tuvimos una charla más íntima por unos momentos, me lavé las manos y lo llevé hasta su habitación, para posarlo en su cama, lo cubrí con una frazada, de pronto la noche se volvió helada. Regresé por ella y la arrastré hacia la parte posterior de la casa, encendí una fogata y deje que el fuego hiciera lo suyo sobre su cuerpo, el humo negro invadía el firmamento y creí oír a lo lejos su aguda voz, pero respiré tranquila porque sabía que sólo era mi imaginación, ella ya no estaba, aquella llama había desaparecido consumándose a sí misma.
Después de limpiar la sangre derramada volví hacia el cuarto donde él dormía y me recosté a su lado en la oscuridad de la noche, abrazándolo fuertemente, diciéndole cuánto lo amaba. Observé a través de la ventana de la habitación las luces del alba, fue cuando marqué en mi celular el número de la policía, les conté todo lo que sucedió de manera muy resumida sin responder preguntas y corté.
Sabía que llegarían pronto, asi que me dispuse a seguir durmiendo al lado del amor de mi vida.
"A primera vista" CAPÍTULO UNO
Era una hermosa noche de verano, la luna brillaba en el firmamento como nunca antes, las estrellas resplandecían con casi igual similitud. La luz que proyectaban estos astros se abría paso por entre las blancas cortinas del ventanal roto de la sala para iluminar esos rostros ensangrentados que yacían en el parqué color caoba.
Me encontraba en la cocina un poco nerviosa y bastante pensativa. Dejé el agua del grifo correr y lavé mis manos para luego continuar con lo siguiente en la lista, el agua parecía llevarse todo el odio dejando en mí sólo paz y tranquilidad, su pureza me daba liberación y parecía aceptar y perdonar mis confesiones más profundas, mudas pero presentes.
Había esperado con ansiedad aquella noche, tenía todo preparado, todo listo. Procuré seguir al pie de la letra que plan que había pensado aquella tarde, no puedo soportar que las cosas no se den como estaban planeadas, por lo que me exijo a mi misma obediencia absoluta, no había margen para errores. Lo construí con suma delicadeza, intentando analizar y prever cualquier fallo que podría ocurrir, ya saben que todo es posible y la Ley de Murphy es siempre una opción que puede darse.
Sentía conocerlo de toda la vida y posiblemente de otra vida también.
Conocía su rutina, conocía cada minuto, cada actividad, cada llegada y cada salida. Lo conocía muy bien. Sé que se preguntarán "¿por qué?", la respuesta es sencilla: él me cautivó desde el momento en que lo vi y no pude dejar de pensarlo nunca, aún no descubro qué fue lo que me atrapó de tal manera... Quizás sus enormes ojos color café que parecían iluminar cada recóndito rincón de mi alma, quizás su piel blanca inmaculada que se enrojecía luego de unos minutos bajo el sol, quizás su cabello negro como la noche que caía de manera seductora sobre su frente, o quizás la forma en la que sonreía con sus relucientes y perfectos dientes, quizás.
Quizás fue no saber qué me atraía de él lo que me llevó a hacer lo que hice, pero déjenme decirles que jamás en mi vida había sentido tanta atracción y tanto amor por nada ni por nadie, puede sonar a locura pero lo cierto es que estábamos destinados el uno al otro. No me arrepiento de absolutamente nada, lo volvería a hacer una y mil veces hasta encontrar una respuesta a esta pasión incomprendida.
Mucho tiempo fuimos amigos, 3 años exactamente, y durante todo ese tiempo me esforcé por pasar la mayor parte junto a él. Recuerdo que cada mañana sin falta, cuando salía para dirigirse al trabajo, yo me encontraba en el jardín de mi casa para despedirlo agitando la mano y cuando llegaba lo esperaba en el mismo lugar y lo saludaba de la igual manera. Pero definitivamente nuestras mejores charlas eran los encuentros"casuales" en el supermercado en donde hablábamos sobre el clima, sobre los productos que nos hacían falta en nuestros hogares o los precios de éstos, vale mencionar aquellas veces que cruzaba la calle para pedirle algun pequeño favor o que me prestaste alguna tontería que , en realidad, no necesitaba, cualquier excusa era buena para verlo por unos minutos y escuchar su voz; nuestra amistad fue de las mejores que tuve. Así, poco a poco, me obsesioné con el cada vez más, y no voy a mentirles: lo amaba y lo amo aún.
Todo entre nosotros marchaba de maravilla, un día, en el que el sol brillaba en lo alto y no se divisaba ni una nube en el cielo, él llegó en un auto gris, como de costumbre lo saludé con una sonrisa y me respondió, siguiéndolo veo que bajó del vehículo una mujer.
Era pelirroja, de tez morena, su rostro era extraño pero cautivador, con pómulos sonrojados y demasiado marcados que continuaban en un mentón tan fino como la cabeza de una serpiente, sus labios de rojo vivo esbozaban una gran sonrisa y sus ojos verdes como el césped en primavera me miraban, vestía un vestido anaranjado como el crepúsculo, al cuerpo y largo hasta los tobillos que dejaba al descubierto las negras sandalias de altura extravagante. Similar a una llama que va a incendiarlo todo, extremadamente llamativa, tentadora y peligrosa. Alzó su mano repleta de joyas y la agitó. Me saludaba. Respondí con sutil desprecio esbozando una sonrisa forzada mientras juntos entraban a su casa de la mano. En ese momento sentí escuchar un estruendoso trueno y creí ver la luz destellante de un relámpago, alcé la vista y los rayos de sol me deslumbraron; seguía despejado.
Aquel día sentí odio, pero no hacía él, era hacia ella, aquella alta figura que ocultaba el veneno de su interior tras el disfraz de joven exquisita había despertado en mí sentimientos que empezaban a dominar mi ser por completo, originarios de sectores oscuros que creia inexistentes, sabía que eran peligrosos. A partir de ese momento todo cambió, mi obsesión tomó otro rumbo, ahora no sólo me importaba él, ella también. Quería conocer qué le agradaba de ella, qué le gustaba, sentir la necesidad de encontrar el motivo por el que estaban juntos.
Cansada de tanta incertidumbre decidí redactar un plan, que fue el que llevé a cabo.
Me encontraba en la cocina un poco nerviosa y bastante pensativa. Dejé el agua del grifo correr y lavé mis manos para luego continuar con lo siguiente en la lista, el agua parecía llevarse todo el odio dejando en mí sólo paz y tranquilidad, su pureza me daba liberación y parecía aceptar y perdonar mis confesiones más profundas, mudas pero presentes.
Había esperado con ansiedad aquella noche, tenía todo preparado, todo listo. Procuré seguir al pie de la letra que plan que había pensado aquella tarde, no puedo soportar que las cosas no se den como estaban planeadas, por lo que me exijo a mi misma obediencia absoluta, no había margen para errores. Lo construí con suma delicadeza, intentando analizar y prever cualquier fallo que podría ocurrir, ya saben que todo es posible y la Ley de Murphy es siempre una opción que puede darse.
Sentía conocerlo de toda la vida y posiblemente de otra vida también.
Conocía su rutina, conocía cada minuto, cada actividad, cada llegada y cada salida. Lo conocía muy bien. Sé que se preguntarán "¿por qué?", la respuesta es sencilla: él me cautivó desde el momento en que lo vi y no pude dejar de pensarlo nunca, aún no descubro qué fue lo que me atrapó de tal manera... Quizás sus enormes ojos color café que parecían iluminar cada recóndito rincón de mi alma, quizás su piel blanca inmaculada que se enrojecía luego de unos minutos bajo el sol, quizás su cabello negro como la noche que caía de manera seductora sobre su frente, o quizás la forma en la que sonreía con sus relucientes y perfectos dientes, quizás.
Quizás fue no saber qué me atraía de él lo que me llevó a hacer lo que hice, pero déjenme decirles que jamás en mi vida había sentido tanta atracción y tanto amor por nada ni por nadie, puede sonar a locura pero lo cierto es que estábamos destinados el uno al otro. No me arrepiento de absolutamente nada, lo volvería a hacer una y mil veces hasta encontrar una respuesta a esta pasión incomprendida.
Mucho tiempo fuimos amigos, 3 años exactamente, y durante todo ese tiempo me esforcé por pasar la mayor parte junto a él. Recuerdo que cada mañana sin falta, cuando salía para dirigirse al trabajo, yo me encontraba en el jardín de mi casa para despedirlo agitando la mano y cuando llegaba lo esperaba en el mismo lugar y lo saludaba de la igual manera. Pero definitivamente nuestras mejores charlas eran los encuentros"casuales" en el supermercado en donde hablábamos sobre el clima, sobre los productos que nos hacían falta en nuestros hogares o los precios de éstos, vale mencionar aquellas veces que cruzaba la calle para pedirle algun pequeño favor o que me prestaste alguna tontería que , en realidad, no necesitaba, cualquier excusa era buena para verlo por unos minutos y escuchar su voz; nuestra amistad fue de las mejores que tuve. Así, poco a poco, me obsesioné con el cada vez más, y no voy a mentirles: lo amaba y lo amo aún.
Todo entre nosotros marchaba de maravilla, un día, en el que el sol brillaba en lo alto y no se divisaba ni una nube en el cielo, él llegó en un auto gris, como de costumbre lo saludé con una sonrisa y me respondió, siguiéndolo veo que bajó del vehículo una mujer.
Era pelirroja, de tez morena, su rostro era extraño pero cautivador, con pómulos sonrojados y demasiado marcados que continuaban en un mentón tan fino como la cabeza de una serpiente, sus labios de rojo vivo esbozaban una gran sonrisa y sus ojos verdes como el césped en primavera me miraban, vestía un vestido anaranjado como el crepúsculo, al cuerpo y largo hasta los tobillos que dejaba al descubierto las negras sandalias de altura extravagante. Similar a una llama que va a incendiarlo todo, extremadamente llamativa, tentadora y peligrosa. Alzó su mano repleta de joyas y la agitó. Me saludaba. Respondí con sutil desprecio esbozando una sonrisa forzada mientras juntos entraban a su casa de la mano. En ese momento sentí escuchar un estruendoso trueno y creí ver la luz destellante de un relámpago, alcé la vista y los rayos de sol me deslumbraron; seguía despejado.
Aquel día sentí odio, pero no hacía él, era hacia ella, aquella alta figura que ocultaba el veneno de su interior tras el disfraz de joven exquisita había despertado en mí sentimientos que empezaban a dominar mi ser por completo, originarios de sectores oscuros que creia inexistentes, sabía que eran peligrosos. A partir de ese momento todo cambió, mi obsesión tomó otro rumbo, ahora no sólo me importaba él, ella también. Quería conocer qué le agradaba de ella, qué le gustaba, sentir la necesidad de encontrar el motivo por el que estaban juntos.
Cansada de tanta incertidumbre decidí redactar un plan, que fue el que llevé a cabo.
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