El perfume de tu piel no es que se huela, se siente a través del aire, por los poros, por dentro de mi ser, se respira y se fagocita en las células de zonas imposibles de ubicar, irrastreables; se ingiere incontrolablemente y mutan hasta integrarse a mi existencia.
No sé desintoxicarme porque eso tuyo ahora también es mío, y vos sos un poco yo, un poco sol, un poco luna. Vos que sos sin perderte, sos en mi sin saber, siendo y permaneciendo...perdurando.
Y todo se vuelve agobiante, el no poder y el no deber, el estancado momento que es cada momento compartido, sin más, sin menos.
La aceptación de límites inherentes a vos, el dolor de oir un "no" y decir un "si", mientras el capricho se retuerce sobre sí mismo porque se sabe inconcluso, atrapado en un deseo que aparenta infinito, grita y hace escándalo, cual niño malcriado. Es un pirómano indomable encerrado en una carcel con paredes de madera humedecida y mohosa, imposibles de encender. Se incendia a sí mismo cada dos por tres.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario