Cuando el paisaje es blanco y negro el día siempre es gris, en su esencia o tras un filtro de niebla imaginaria, pero gris. Es sinónimo de melancolía, tristeza y nostalgia por lo que jamás pasó porque toda esa emoción es un invento del "tal vez" y del "y si..."
Se siente real.
Ese dolor es como respirar: necesario para vivir e involuntario, inevitable e innato.
La noche invita al dramatismo y la exageración, a gritarle a un rincón vacío, a poner el aire en -2 y congelarse junto a los demonios de la penumbra, desacelerando el corazón.
Otro tiempo el ahora, donde desvela el futuro que se baña en fantasía. Se clava en el entrecejo, como una daga, el insomnio, esa tortura personal de no volver a dormir en paz.
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