Los restos de la noche siguen allí, inmóviles, él se encuentra soñando en su cama y la casa parece estar en paz, aún se oye los restos del desastre de hace unas horas atrás combinados con el viento que canta su canción más triste.
Sentada en el frío suelo se encuentra ella con una fotografía en sus manos, de pronto una pequeña gota cae sobre el vidrio que la protege y la obliga a secarse los ojos con los puños de su camiseta. Ahí está el campo y ellos dos, sus brillantes cabelleras reflejan los rayos del sol y sus caras esbozan sonrisas que hace tiempo no practica, ha olvidado por completo como hacerlas. Cerrando los ojos puede oír las carcajadas de aquel día y sentir la calidez de los abrazos que se fueron perdiendo en el laberinto de los recuerdos, con mucho esfuerzo puede hasta sentir respirar el aire de ese momento, puro y agradable. No puede negar lo mucho que extraña todo eso.
Muchas veces se pregunta si es correcto recordar, a veces le causa un dolor inaguantable el saber que todo aquello sólo se volvieron imágenes en su cabeza y en ocasiones duda de la fidelidad de ellas. Se repite a si misma que no volverán y se abre una herida que parece nunca sanar, es profunda y duele hasta los huesos.
Mujer que sufres por el ayer te has dejado a ti misma atrás y has olvidado que aún eres en el hoy.
Abandona su ensimismamiento y oye el sollozo de aquel hombre, sabe que al igual que ella, él también está sufriendo y es probable que su dolor sea mucho peor, siente la impotencia de no poder ayudarlo a sanar su corazón y explota en un llanto de rabia y coraje. Lleva sus manos a su cabeza y desea fuertemente volver el tiempo atrás, evitar tanto sufrimiento y tanto malestar, desea no haber tomado esa desición, se odia a si misma y le es imposible perdonarse.
Sus ojos rojos de tanto llorar, sus mejillas sonrojadas y bañadas en sentimientos hechos lágrimas, lleva el pelo totalmente despeinado y carga con un fuerte peso en el corazón. Frágil y bella dama perdida ojalá pudieras volver a ser feliz.
Se pone de pie y se dirige a paso lento hacia el lecho, observa a aquel otro en su misma situación y se asoma para acariciarle la mejilla, como respuesta recibe una tímida sonrisa, está dormido y parece disfrutar de tranquilidad, ella logra calmarse por unos minutos, se asoma a su oído susurrandole suavemente un "te quiero" sincero.
Dentro suyo la culpa la ha llenado por completo, no puede evitar estar triste y es incapaz de fingir fortaleza. Es consciente de que nada de eso habría ocurrido de no haber sido por su egoísmo. Si tan sólo lo hubiera pensado mejor y no hubiera actuado de forma inmadura él estaría bien y hasta quizás sería feliz, aunque en realidad duda que ella lo estaría, porque siempre le tocó sufrir, no sólo ahora, antes el dolor y el llanto ya eran parte de su vida, eran parte de si misma.
Vuelve a sujetar la fotografía, recuerda que había una frase que él escribió en algún momento. La saca del marco negro que la contiene y la voltea: "Hermana mía, siempre te protegeré"
Lee la frase una y otra vez, ya no le quedan lágrimas por derramar, entiende que de nada servirán, el daño irreparable que le causó quedará grabado en su corazón, formando cicatrices imposibles de borrar.
Le había quitado su hermana a ese hombre que descansaba unos metros detrás de ella, una hermana que era lo único que le quedaba y a quien juró proteger siempre, su pequeña niña, su única razón por la cuál seguir luchando.
Los recuerdos de esa noche se abalanzan sobre su cabeza, y la imagen de ella misma postrada inmóvil hace arder todo su cuerpo, la nota de despedida entre sus manos tiesas no es más que dos líneas crudas y frías. Su corazón produce un silencio ensordecedor y la mirada de esos ojos la cortan como cuchillas.
Su mente para de viajar y ella regresa, se dirige frente al espejo y se observa completa, cada detalle de su cuerpo, su tez blanca, su piel fría como el hielo, sus labios duros de rosa pálido que casi no se distinguen y aquellos ojos que una vez fueron faros de luz hoy no son más que perlas negras indescifrables.
Mujer, que no estás sola y te has abandonado al cruel destino de una vida de sufrimiento, te invadió la cobardía y fuiste débil, pero aceptas todo eso y nunca pierdes la esperanza de hallar escapatoria.
Mujer entiende que correr no es solución, que huir no desatará los nudos de tu interior.
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