Esto no corresponde a aquello que callé, más bien forma parte de aquel grupo de ideas y oraciones que jamás pudieron ser escritas, aquellas que aparecen de repente en un momento en el que el lápiz y el papel, o ésta aplicación, no están al alcance de la mano. Es complicado escribir sobre lo que alguna vez se pensó, porque si lo pensaste una primera vez la segunda no será igual de buena, no será igual de exacta, ni estará cargada de los mismos sentimientos.
Esto no es otra cosa que una forma de honrar a esas visitantes inoportunas, es un homenaje a medias, porque completo sería imposible, pues ¿quién recuerda exactamente lo que se llevó el tiempo?
A veces pienso que esas pasajeras y fugaces visitantes fueron realmente buenas, y no creo que fueran así porque las recuerde, es más bien algo que siento dentro de mi, como cuando tienes un buen presentimiento, esa sensación de seguridad en la que confías plenamente, bueno, es justo por eso que sé que vale la pena reconocerlas. Y si yo no las reconozco seguro entonces nadie, si las he perdido han quedado en el pasado y se repetirán allí en un bucle interminable en una realidad distinta, a la que ojalá pudiera volver sólo para dejar constancia de la "genialidad" que se me pudo haber ocurrido. Y es que las buenas ideas no vienen siempre, son especiales y llegan en momentos determinados, por lo general de la nada, ¿no te ha sucedido alguna vez?
Me pasa que cuando me dispongo a exprimir mi cerebro éste se resiste y no deja salir ni una mínima gota de inspiración, y está en su derecho, no puedo obligarme a ser ingeniosa o habilidosa, no es algo que puedas empujar a salir, y si lo intentas lo que obtendrás no será para nada interesante y mucho menos agradable, obviando el hecho de que te estás torturando a vos misma.
Siento que es una lástima que la mayoría de las buenas ocurrencias se hayan perdido, y creo que me da aún más pena el no poder recuperarlas, pero sin embargo pienso que de eso se trata un poco la vida, aprendemos lecciones de cosas que olvidamos y perdemos, aunque no concretamente de esas cosas, pero si de la experiencia vacía y sombría que suelen dejar, del hueco en la memoria y el espacio en negro en la grabación. Creo que los seres humanos aprendemos mucho del error y del dolor, aunque del primero muchas veces aprendemos sin quererlo y sin saberlo, del segundo casi siempre queda el rencor y la herida abierta a la que de vez en cuando hacemos sangrar para sentirnos vivos aún, aprendemos más de todo esto que de aquello que nos da felicidad, no tendemos a valorar lo suficiente los buenos momentos cuando los tenemos, mientras que cuando los perdemos o los estropeamos nos sentamos en una esquina a llorar y a extrañarlos.
Es curioso como son las malas experiencias las que guían nuestro comportamiento y hasta nuestro destino, nos equivocamos más de una vez en la misma situación, elegimos más de una vez el camino más oscuro, las mismas decisiones mal escogidas, las mismas piedras para tropezar, y no digo que siempre, pero verdaderamente ¿cuántas veces aprendemos de nuestros errores? Pecamos de inocentes, pecamos de ignorantes y hasta pecamos de estúpidos, la vida en un punto debe de reírsenos en la cara de lo malos que podemos ser equivocándonos; pero por fin un día parece que despertamos con la cabeza más despejada y la mente más ordenada y ahí es cuándo aprendemos y cambiamos, ésta vez para bien.
Cambios, muchos pensamos que seguimos siendo las mismas personas que hace 5 años atrás, pero olvidamos todo lo que nos costó llegar aquí y todo lo que tuvimos que hacer para lograrlo, y cada esfuerzo de esos que nos dejan hasta sin suspiros empujan fuera la pieza que estaba mal y ayudan a construir en su lugar una mejor y más fuerte, y así es como ayer éramos alguien y hoy, en teoría, somos mejores.
Inclusive todas esas frases que no están conmigo hoy fueron parte de mi crecimiento y de lo que soy hoy, para bien o para mal y probablemente sean parte de lo que seré mañana.
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